De nuevo en cuarentena (15 de enero)

Debo reconocer que mis predicciones no se cumplieron. ¡Y por suerte! Porque a pesar de la distensión y el relajamiento generalizados que vimos antes, durante y después de las fiestas de fin de año, la curva de infectados, hospitalizados y muertos no ha variado significativamente. Hasta ahora, al menos. Lo digo porque en este terreno no hay que cantar gloria antes de la victoria. Tal vez la situación se revierta abruptamente de una semana para otra. Ya lo vimos en el pasado.

No sé si parte de la explicación de este fenómeno –del que las cosas en Grecia marchen “no tan mal” mientras que la mayoría de los países de la Unión Europea están “en rojo”– se debe a que hasta hace unos días hemos tenido un tiempo excepcionalmente benigno, con sol, temperaturas agradables y vientos leves o moderados. Por tanto, la gente pasó mucho tiempo al aire libre y pudo ventilar regularmente las casas y los lugares de trabajo.

Mientras tanto, los chicos de la primaria volvieron a las aulas. A las aulas reales, no virtuales. Obviamente, respetando las medidas que fija el protocolo: mascarilla todo el tiempo, ventanas abiertas a pesar del chiflete de frío, desinfección de los bancos cada cuarenta minutos.

Los padres nos miramos incrédulos y nos decimos unos a otros: μακάρι, να συνεχίσει έτσι, ojalá, que siga así.

Otro de los temas que nos ocupa es el de la nueva variante del virus. O sería mejor decir: de las nuevas variantes, porque está la sudafricana, está la británica y vaya a saber cuántas otras más. Acá me parece que la pregunta no es si la mutación llegó al suelo griego o no (me parecería muy raro que no fuera así). La cosa es más bien saber cuán difindida/contenida está.

Pero el tema más discutido es, seguramente, el de las vacunas. En la entrada anterior les comentaba que ya habían empezado a vacunar al personal sanitario. Desde hace unos días han empezado también con los mayores de 85 años (que acá en Grecia no son pocos). Mi suegro, que tiene 83 años, tiene que esperar al próximo llamado, que esperamos que sea en breve.

Por lo que tengo entendido, se sigue vacunando sólo con la de la Pfizer-BioNTech. Todavía no llegó la de Moderna, a pesar de estar ya autorizada.

La actitud de la gente es de lo más variada. Mientras hay un grupo que no ve la hora de que le llegue el turno de vacunarse, otros se niegan rotundamente a que le pongan la vacuna. Y esto incluso entre el personal médico. En el círculo en que yo me muevo, los primeros superan ampliamente a los segundos, pero en términos sociológicos esto no quiere decir nada.

De todos modos, dejando de lado la predisposición de la gente, lo cierto es que el número de vacunas que llegó es pequeñísimo comparado con el que sería necesario tener, si el objetivo es haber logrado la famosa inmunidad del rebaño para fin de año.

También hay un problema de coordinación en la vacunación, que podría parecer anecdótico pero que no lo es. Resulta que si un hospital descongela y abre tal o cual número de cajas y prepara las dosis correspondientes, estas deben ser inoculadas rápidamente. Pero muchas veces el número de personas esperando la vacuna para ese día termina siendo menor al de las dosis disponibles, así que, si no se quiere tirar a la basura el costoso líquido, hay que comenzar a llamar por teléfono a todo aquel que pueda querer vacunarse. ¿Hay justo un paciente en el hospital menor de 85 que quiera vacunarse? ¡Tráiganlo inmediatamente! Y, si no, a traer parientes o amigos de los vacunadores, he allí la ocasión.

Lo que no he visto hasta ahora (pero admito que puede deberse a que casi no veo televisión) es una campaña mediática de vacunación, aunque sea un video de uno o dos minutos explicando qué es la vacuna, cómo se la administra, dónde, por qué y cuáles son los efectos secundarios (que hasta ahora siguen siendo despreciables, un poco de dolor muscular en el brazo). Hay una falla en la comunicación que habría que remediar, sobre todo si queremos que la gente vaya voluntaria y masivamente a vacunarse.

Publicado en Atenas, Grecia, Historia, Uncategorized, Viajes | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

De nuevo en cuarentena (8 de enero)

Sí, señor, seguimos en esta cuarentena que insisto en llamar a medias. Recorriendo ayer las calles del barrio, me preguntaba: ¿pero qué cuarentena es esta? Gente y autos por doquier. Y en las miradas de las personas no rezuma ningún miedo a contagiarse…

Esta imagen tan de “normalidad de los viejos tiempos” contrasta, ¿quién podría negarlo?, con otra, muy distinta, porque los pequeños negocios debieron volver a cerrar sus puertas, los restaurantes y los bares siguen a oscuras, con las sillas dadas vuelta encima de las mesas, los cines y los teatros todavía exhiben los carteles de los estrenos que habían hecho justo antes del cierre, allá por octubre…

A mí los grises no me convencen, y sobre todo en casos como estos, porque es inevitable pensar que la situación es injusta para algunos. Si dejamos que la gente circule por las calles como hormigas, una al lado de la otra, y se reúna a charlar con un conocido en una cita que se dieron en una plaza, ¿por qué la librería o la ferretería del barrio tuvieron que volver a cerrar, si de todos modos atendían en la entrada del local y respetando las normas del protocolo sanitario? ¿Por qué mi peluquero tiene que quedarse de brazos cruzados en su casa, si para cortar el pelo había que sacar un turno por teléfono, así nadie esperaba dentro del local?

Con todo, la buena noticia es que los chicos van a poder volver a los jardines de infantes y a las aulas de las escuelas primarias a partir del lunes. Sin embargo, los de la secundaria (los que acá van al gimnasio y luego al liceo, como se dice) van a seguir con las clases en línea. Igualmente, todas las actividades extraescolares, independientemente de la edad de los chicos, siguen suspendidas, a menos que los centros decidan retomar con la modalidad virtual.

Nadie sabe cuánto va a durar esta reapertura de los colegios primarios. Por lo pronto, aún no se insinuó el rebrote de contagios que todos temíamos para después de las fiestas. El número de muertos por día sigue rondando en los cincuenta (lo que no es poco para un país como Grecia) y el de intubados en los cuatrocientos, cifra lo bastante abultada como para dormirse en los laureles. Pero si la cosa sigue así, es factible hablar de una reapertura de la economía y de la educación paso a paso y para todos.

Mientras tanto, con demoras y con mucho aún de ensayo y error, comenzó la vacunación. Por lo pronto, los beneficiarios son el personal sanitario. Pero muchas personas de más de 60 años no ven la hora de que les llegue su turno.

La vacuna que se está inoculando es la de Pfizer-BioNTech. Pero los días pasados la Agencia Europea de Medicamentos aprobó la vacuna de Moderna, así que me imagino que en la segunda quincena del mes la oferta va a ser mayor. (Por lo que tengo entendido, la vacuna de Moderna no necesita ser conservada a temperaturas tan extremas como las de la Pfizer. Por eso tiendo a pensar que se la va a destinar, sobre todo, a aquellas regiones del país que no cuenten con tanta tecnología del frío. Por ejemplo, no sé cuántas islas pequeñas y medianas en Grecia disponen de refrigeradores que lleguen a -80 grados, aunque sí tendrán heladeras de hasta -20.)

Mi esposa se vacunó ayer. El único síntoma adverso que ha tenido hasta ahora es un poco de dolor en el brazo, pero no hinchazón, como cuando se puso la vacuna de la gripe los meses pasados.

Publicado en Grecia, Historia, Uncategorized, Viajes | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

De nuevo en cuarentena (5 de enero)

Aquí en Atenas el 2021 empezó con temperaturas insólitamente elevadas. Todos festejamos el inesperado “veranito”, sabiendo que mucho más no podría durar y que tarde o temprano tendrían que llegar los fríos.

Tanto calor y la ausencia de viento por días trajo aparejado otro fenómeno inesperado: la vuelta de los mosquitos. Las casas y los jardines se volvieron a llenar de esos fastidiosos compañeros de los meses más agradables del año.

Para las fiestas las autoridades relajaron los controles (que ya venían siendo bastante laxos) y la gente pudo salir a reunirse con una, dos o tres familias burbuja.

No sé cuántos “excesos” habrá habido en lo que hace a los contactos sociales, pero creo que muy pocos se atuvieron al consejo de verse solamente con una familia conocida y una vez.

A parte del repentino veranito, se dio otro fenómeno peligrosamente alentador: el número de los casos (casos de todo: infectados, intubados y muertos) mantuvo su tendencia a la baja. Ya se sabe: “Cuando el gato no está…”

El 2 de enero, después de que el gobierno cerrara uno o los dos ojos todo ese tiempo, llegó el aguafiestas con un mensaje que en mi país sonaría así: “¡Muchachos, se acabó la joda!” En efecto, de un plumazo se dispuso el cierre de los negocios y se volvieron a prohibir las reuniones entre familiares y amigos. Así que el que tenía turno para el peluquero el lunes tres, tendrá que quedarse con los pelos tal como lo vimos para Año Nuevo, y ya no vamos a poder ir al local de la vuelta a retirar el producto que compramos por internet, sino que vamos a tener que esperar que nos lo traigan a casa, quién sabe de acá a cuántos días (del “click away” volvimos al “delivery”).

Paralelamente, el gobierno dispuso la reapertura de los jardines de infantes y de las escuelas primarias. A primera vista, parece algo contradictorio, pero creo que, en realidad, no lo es. Porque lo cierto es que, más allá del toque de campana para que la gente deje de salir a festejar, esta cuarentena es “a medias”. Si la actividad laboral sigue en marcha excepto en los casos puntuales en los que hay un contacto estrecho con el cliente, es justo que los más pequeños vayan a la escuela. Los que somos padres de hijos pequeños sabemos que tener a los chicos todo el día encerrados en casa y haciéndolos primero seguir las clases en la pantalla de una “tablet” y haciéndolos seguidamente hacer las tareas, en esa misma “tablet” o en el cuaderno, es una de las cosas más desgastadoras. Un costo demasiado alto para el riesgo que representa en sí mismo el hecho de que los niños vayan a escuela. Sobre todo, repito, cuando las calles siguen repletas de gente que va a sus trabajos.

Lo que empezó con un tropiezo fue la vacunación. Mi esposa, por ejemplo, tenía que vacunarse ayer, pero a último momento le pospusieron la cita. ¿Por qué? Barajamos varias explicaciones. Puede ser que la logística requerida para esta vacunación sea un desafío más complejo que lo pensado. Puede ser también que hasta ahora hayan llegado a Grecia menos vacunas que lo previsto, con lo cual quizá hubo que reducir el número inicial de citados teniendo en cuenta que cada uno necesita dos dosis, no una.

De todos modos, la lentitud inicial en la vacunación no es un fenómeno exclusivamente griego. Por lo que veo, casi todos los países están vacunando a un ritmo mucho más lento del que esperaban. (La única excepción, tengo entendido, es Israel, que compró a última hora una buena cantidad de la vacuna de Pfizer y ya inoculó a un porcentaje significativo de su población.)

Los juegos siguen cerrados
¡Feliz Año Nuevo!
Publicado en Atenas, Fotografía, Grecia, Uncategorized | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Imágenes de Atenas

Una muestra de la iluminación típica de las fiestas de fin de año en las calles de Atenas

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

De nuevo en cuarentena (29 de diciembre)

Creo que recordaremos el 2020 como el año en que celebramos las famosas fiestas de fin de año más “modestamente”. (Para mí, mejor, y lo digo por muchos motivos.) Acá en Grecia algunos están siendo más cautos, otros menos, pero creo que son pocos los que han organizado comilonas con numerosos invitados. Porque lo cierto es que en un encuentro en el que se come y se toma juntos, es casi imposible respetar la distancia de metro y medio, andarse lavando las manos cada dos por tres y conversar animadamente con la mascarilla bien puesta.

El problema es que, si no me equivoco, hay poca diferencia entre organizar una fiesta para sesenta personas e ir a seis encuentros diferentes, cada uno con diez personas.

Por otro lado, las autoridades no van a ponerse a controlar ahora casa por casa quién está celebrando con cuántos y con qué frecuencia se divierte en estos días. Pero ni siquiera he visto controles policiales en las calles. Las contadas veces que salí con el auto en estos días no me topé ni con un solo patrullero vigilando.

En realidad, desde mi última entrada sobre este tema y en este blog hasta el día de hoy, el cuadro general de la situación en Grecia no hay cambiado mucho. El número de contagiados diarios sigue bien por debajo de los mil (aunque el número de hisopados es menor), el número de muertos continúa también bastante por debajo de los cien y la cifra de intubados ronda los 450 pacientes, una cifra alta, aunque con un margen de maniobra bastante amplio por “cualquier sorpresa”.

De hecho, la verdadera sorpresa sería si más o menos por Reyes, digamos de acá a unos diez días, no tenemos una sorpresa, un fuerte repunte de los casos. Porque si uno va por las calles ve mucha gente en todos lados con una sola precaución: llevar la mascarilla puesta y estar solos, de a dos o, a lo sumo, en grupitos pequeños. No es difícil ver jóvenes tomando café en la entrada de un edificio o adolescentes haciendo picnic en el parque… Los negocios están todos abiertos y tratan de vender desde la puerta de entrada -ahí tiene que esperar el cliente- los regalos navideños.

La otra noticia es que desde anteayer ha empezado la campaña de vacunación. Los medios nos han ido mostrando en estos días a las personalidades del momento sentadas obedientemente en el sillón de un consultorio, arremangadas a la espera del pinchazo.

En esta primera fase Grecia dispone de 300 mil vacunas de la Pfizer & BioNTech, lo que significa que puede inmunizar a unas 150 mil personas. Por lo que tengo entendido, la mayoría de esos beneficiarios será parte del personal sanitario. Los ancianos entrarán en la segunda fase, comenzando desde los más entrados en años hasta llegar a los sesentones.

Una de las cosas que más me entristecen en estos días es el nivel de desinformación. La gente está todo el día con los celulares, expuesta a noticias banales o serias, verdaderas o falsas, y consume todo, sin ninguna reflexión. Un verdadero cambalache informativo. No encuentro otra manera de decirlo: todo ese cúmulo de noticias es simplemente junk food para el cerebro. Hay personas que me porfían que las cosas son así y asá, y cuando les pregunto -no para llevarles la contra, sino para hacerme una idea clara al respecto- cómo lo saben, me responden que lo leyeron en internet. ¿Dónde, en qué sitio?, les vuelvo a preguntar, y ahí veo que los rostros hacen una mueca de ofensa o desprecio.

¿Qué queda por hacer? No bajar los brazos y repetirles, sobre todo a los jóvenes, el abecé de la buena alimentación mental: siempre que leas una noticia, pregúntate: en primer lugar, de dónde viene la información (¿es una fuente confiable? ¿aparece también en otras fuentes de información más o menos serias?); en segundo, cómo se presenta esa información (si veo a mi vecino fumándose un porro en el balcón, ¿puedo salir gritando por las calles “mi vecino es un drogadicto”?)

Publicado en Atenas, Grecia, Uncategorized | Etiquetado , , , , | 1 Comentario

Imágenes de Atenas

Diciembre lluvioso. Y los famosos hongos después de la lluvia.
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Dos enlaces

Les copio aquí dos enlaces. El primero es a una entrada que escribí recientemente en el blog de la editorial Eduvim. El tema es, como no podría ser de menos en estos días en Argentina, el debate en torno a la legaliación del aborto.

https://www.eduvim.com.ar/blog/aborto-y-autonomia

El segundo, en cambio, los redirigirá a mi libro Autonomía y eutanasia.

http://eduvim.onixsuite.com/es/book/?GCOI=51841100244270&preview=1&clearcache=yes

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

España legaliza la eutanasia

Los días pasados España legalizó la eutanasia. En realidad, aún falta la ratificación del Senado, pero se trataría solamente de una formalidad, así que, si todo sigue como se prevé, la ley podría ser promulgada en breve y entrar en vigencia en los primeros meses del próximo año.

La noticia ha sido celebrada por muchos, en España y en Latinoamérica, y creo que vale la pena anticipar un par de puntos de la nueva ley en espera del texto definitivo.

Quienes quieran leer el dictamen disponible en un PDF de 13 páginas, pueden encontrarlo aquí.

Con esta ley España se convierte en el sexto país en todo el mundo en legalizar la eutanasia. Recordemos que el primero fueron los Países Bajos, en 2002, y pocos meses después, Bélgica; en 2009 se unió Luxemburgo; Canadá inició la legalización en Quebec en 2015 y luego en 2016 la nueva legislación se extendió a todo el territorio canadiense; por último, el quinto país fue Nueva Zelanda, que el octubre pasado organizó un referendo vinculante en el que ganó el sí.

Vista en este contexto internacional, España es el primer país latino o mediterráneo o sudeuropeo en legalizar la eutanasia, práctica que parecía ser privativa de las sociedades más bien nórdicas o anglosajonas o protestantes.

Este último no es un punto menor, ya que desmantela el argumento que a veces se esgrime en nuestros países según el cual la eutanasia es cosa de sociedades más individualistas o con una tradición religiosa diferente de la nuestra. No es así: el derecho a una muerte digna es un reclamo que recorre todas las sociedades, al menos todas las sociedades occidentales. No importa si se está en Latinoamérica o en Escandinavia, en Norteamérica o en Europa del Sur: a un número cada vez más consistente de la población y de las autoridades les parece necesario contar con una nueva legislación que regule las prácticas médicas que pueden solicitarse en la fase final de la vida de los ciudadanos.

Días pasados me hacían una entrevista en una radio argentina sobre esta noticia y el locutor me preguntaba cómo es posible que España y no otro país de la región haya sido el primero: ni Italia ni Francia, naciones que uno consideraría más “a la vanguardia”. Los historiadores y los politólogos seguramente podrán dar una respuesta más compleja que la mía. Yo solo me limité a responder que España es un país con dos rostros: un rostro conservador o atávico, y otro progresista e innovador. Si uno ve la historia de España, incluso, sin ir muy lejos, la historia del siglo XX, descubre un país capaz de los más intrépidos experimentos sociales, como los que se dieron en la Segundo República, seguidos de la lápida del conservadurismo más rancio, como los primeros años del franquismo.

Pero volvamos a la nueva ley. ¿De qué se trata, en concreto? Se trata de una ley que permite y regula no solamente el suicidio médicamente asistido –práctica bastante más difundida en el mundo–, sino también la eutanasia, que podríamos llamar voluntaria, directa y activa, en los casos en que se cumplan los requisitos establecidos. O sea, el médico, dado el caso y tras la solicitud reiterada e informada del paciente, puede terminar con la vida de este, ahorrándole así días, semanas, meses (cuando no años) de sufrimientos físicos y morales graves, originados en enfermedades terminales o, en caso de no ser terminales, que invaliden seriamente al enfermo.

Aquí ya han aparecido dos elementos novedosos de la ley española: por un lado, incluye la eutanasia activa y directa, más allá de permitir el suicidio, y, por otro, extiende este derecho no solamente a los pacientes terminales con una expectativa de vida de hasta seis meses, sino también a los enfermos crónicos que padecen una enfermedad grave que les causa sufrimientos constantes y que los sume en un estado de invalidez creciente. Para poner un ejemplo: en el primer caso podemos situar a los pacientes afectados por un cáncer en sus últimos estadios; en el segundo, a enfermos de esclerosis lateral amiotrófica, de párkinson, etc.

Reitero: la mayoría de las leyes actuales se centra en el paciente terminal, aquel que ya está “en las últimas”, que tiene un pronóstico que en ningún caso supera los seis meses de vida. Pero así quedaban fuera todas aquellas personas que padecían enfermedades como la esclerosis que, en virtud de todos los medios que hoy cuenta nuestra sociedad, pueden ser mantenidos en vida por años, pero una vida totalmente indigna, a juzgar por los pacientes mismos.

Quisiera que nadie se imaginara cosas atroces detrás de los conceptos eutanasia y suicidio asistido. ¿Cómo ocurre, por ejemplo, un caso “típico” de suicidio asistido? El médico le receta al paciente que quiere morir y que, insisto, ha cumplido todos los requisitos que establece la ley, una dosis de un barbitúrico, de pentobarbital. El pentobarbital parece un polvillo blanco que se vende en frasquitos pequeños, ya que por lo general un paciente no necesita más de unos gramos. Si el paciente ya no puede moverse, podrá ir el médico o un enfermero o un familiar a retirar el remedio de la farmacia. El polvillo se disuelve en agua corriente en un vaso y el paciente bebe el líquido. Tras unos minutos, el paciente queda dormido. No hay espasmos ni contracciones, sino el relajamiento característico del sueño profundo. De allí pasará a un estado de coma y, en un máximo de una o dos horas, el paciente habrá muerto tranquilamente.

¿En qué consiste la eutanasia? Siguiendo con el ejemplo anterior, supongamos que el paciente no puede beber el líquido del vaso (porque, por ejemplo, la esclerosis ya no le permite usar las manos, porque vomita frecuentemente o simplemente porque desea que sea su médico el que dé el “empujoncito” final), entonces el profesional de la salud le inyecta el pentobarbital. Tras esa inyección, siguen las etapas que mencionaba en el caso anterior: sueño profundo, coma, muerte pacífica en un plazo de una o dos horas.

Me gustaría mencionar aquí un dato que se barajaba el año pasado, porque, algunos lectores se acordarán, el proyecto de ley en España ya había sido presentado y discutido exhaustivamente varias veces antes. El año pasado apareció un informe en el que se detallaba que cada año mueren alrededor de 400.000 españoles. De ellos, la mitad muere de una manera dolorosa. Ahora bien, tal vez el dato más inquietante es que de esos 200.000 pacientes afectados por el dolor, 50.000 mueren sin poder beneficiarse en absoluto de los cuidados paliativos. Para decirlo de otra manera, de cada ocho personas que mueren anualmente en España, una no recibe la asistencia que debería darle la medicina paliativa. Lo que se traduce en algo muy palpable: esas personas mueren mal, lo suyo no es una eu-tanasia, una buena muerte, sino una dis-tanasia.

Claro que España necesita más y mejor medicina paliativa, pero esta no es una panacea. No resuelve todos los casos. El paciente español ha de poder elegir entre la paliación y, cuando esta no esté disponible o, de estar a disposición, no represente una opción válida para él o ella, la asistencia médica para morir dignamente.

Publicado en Ética, Ética aplicada, bioética, Filosofía de la medicina, Filosofía del derecho | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

De nuevo en cuarentena (22 de diciembre)

Ayer el número de nuevos infectados bajó drásticamente; de estar alrededor de los mil quinientos casos pasamos a tener prácticamente la mitad. Si dejamos de lado la cuestión de cuántos test se están haciendo y dónde, cualquiera podría decir que se trata de una buena noticia. Lo es, pero no hay que olvidarse de una cosa: los test no reflejan la realidad epidemiológica actual, sino la de dos semanas atrás.

Aclaro este último aspecto, porque quien haya salido de su casa los últimos días para dar una caminata, bien se habrá preguntado: pero ¿esto se llama cuarentena? El tráfico volvió a ser ensordecedor, las veredas están llenas de gente que va y viene, paseando, comprando, mirando las vidrieras… Sí, no lo niego, todos con una mascarilla –mal o bien puesta, no importa– y todos solos o a lo sumo de a dos o tres.

El relajamiento salta a la vista: pocos respetan la directiva de la distancia mínima de dos metros en las colas, hace tiempo que no veo a la gente ponerse un chorrito de gel con la solución alcohólica antes o después de entrar a alguna oficina o negocio, etc.

Por esta razón pienso que de acá a dos semanas las cifras van a volver a ser preocupantes. Y si uno piensa que las autoridades ya han permitido las reuniones familiares para estas fiestas -y que por lo tanto van a cerrar los ojos ante el movimiento masivo que se prevé desde la Nochevieja hasta el Día de Reyes-, hay motivos para pensar que el cuadro epidemiológico para mediados y finales de enero va a ser alarmante.

Claro que, vistas así las cosas, parece injusto que no todos puedan beneficiarse del relajamiento. Hay sectores de la sociedad que están pagando el pato: los cines y los teatros siguen cerrados, los restaurantes y los bares no trabajan (o solo preparan comida para llevar), los juegos en las plazas siguen clausurados y, tal vez lo más triste de todo, los chicos pasan los días sin ir a la escuela.

A los negocios pequeños y medianos, los típicos negocios de barrio que casi no venden online, se les permitió abrir pero sin que entrara la gente al local. Ayer veía que todos han puesto un obstáculo a la entrada, una mesita, por ejemplo, y que los comerciantes atienden a los clientes desde dentro, mientras fuera se va formando una filita.

Tengo la sensación de que acá en Grecia hemos desembocado en una zona gris, no exenta de hipocresía. Por un lado, está claro que mantener un confinamiento estricto, como en el primer semestre, tendría costos económicos y psicológicos insostenibles. Por otro lado, dejar que las cosas vayan como si ya no existiera el coronavirus llevaría a que pronto colapse el sistema sanitario. La sociedad ha encontrado un paso entre Escila y Caribdis, pero que no es igual de conveniente para todos.

Por momentos me pregunto qué le contaremos a nuestros nietos del 2020. ¿Le diremos cómo, para bien o para mal, nuestras vidas cambiaron literalmente de un día para otro, en aquella segunda semana de marzo? ¿Volverá la normalidad en algún momento de 2021, algo así como a mediados del año? ¿O la pandemia se extenderá hasta 2022? (No es descabellado pensar de esta manera en vista de la nueva cepa del SARS-CoV-2 que ya está causando alarma en Gran Bretaña.) ¿O será que no volveremos más a la normalidad, tal como la hemos conocido hasta ahora? Los epidemiólogos no descartan que después de esta pandemia venga otra –u otras– y los científicos de todas las especialidades nos previenen contra las consecuencias del cambio climático en ciernes. Todo esto parece apocalíptico, pero no olvidemos que los estudiosos hace años que nos venían advirtiendo acerca de que podía venir una epidemia devastadora, y todos hicimos oídos sordos.

Publicado en Atenas, Grecia, Historia, Uncategorized | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Imágenes de Atenas

Y, sí, felices fiestas…
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario