La importancia de la empatía

¿Cuál es la emoción primordial de la moralidad, la emoción que está a la base de nuestro sistema moral? La respuesta es, sin duda, la empatía.

La empatía es la facultad emocional y cognitiva gracias a la cual nos ponemos en el lugar del otro, sobre todo de aquel que está en peores condiciones que nosotros. Gracias a la empatía sentimos –o, cuanto menos, podemos entrever qué se siente– cuando alguien distinto a nosotros mismos sufre, la pasa mal, es discriminado, etc.

En una de las entradas anteriores hablaba de la imaginación moral. Gracias a la imaginación moral podemos crear diversas situaciones “pensables”; en unas situaciones regirán tales leyes; en otras, tales otras; en unas, los actores morales serán así; en la otra, serán asá, etc.

La imaginación moral juntamente con la empatía son las dos herramientas básicas a la hora de diseñar un nuevo sistema moral. Creo situaciones diversas, potenciales, y seguidamente me interrogo cómo me sentiría si estuviera allí, cómo me sentiría si se materializara esa situación y si me tocase por fortuna estar ahí.

Es más, la empatía no solamente me permite captar cómo se siente o se podría sentir el otro en tal o cual situación desfavorable, sino que me permite entender cómo me podría sentir yo mismo en un estado futuro, de seguir el curso de acontecimientos que viene desenvolviéndose.

Pongamos un ejemplo: un joven blanco que vive en una sociedad regida por el apartheid puede preguntarse cómo se siente la persona de color que es discriminada por ese sistema. Su capacidad de empatía le permite captar con mayor o menos intensidad los sufrimientos derivados de la discriminación y la exclusión racial. Acto seguido, la empatía puede “encender” otros sentimientos, como la compasión, la simpatía, la piedad, además de “desencadenar” emociones morales como la rabia frente a la injusticia, el altruismo, etc.

Finalmente, ese joven blanco, haciendo uso de su imaginación moral, puede preguntarse: “Si se aboliera el apartheid, ¿cómo sería la sociedad? ¿Habría más o menos sufrimientos, y de qué tipo, y padecidos por quién?

En síntesis, la empatía y la imaginación moral son los instrumentos esenciales en el proceso de transformación de nuestros sistemas éticos y de nuestra moralidad. ¿Si en mi sociedad se eliminase tal norma o, por el contrario, si se introdujese tal otro principio, sería mejor o peor, sería más justa o más injusta? La respuesta a esta pregunta, en gran parte, pasa por mi habilidad y mi disposición a proyectarme en las distintas posiciones sociales que se verían mejoradas o empeoradas por ese nuevo estado de cosas.

Supongamos que en mi ciudad no hay aún ninguna norma que regule el uso de los asientos en los colectivos. Aparecen dos propuestas:

  • Propuesta A: “Las personas de cabello ondulado no podrán hacer uso de los asientos del colectivo” (Esta es una variación de la norma discriminatoria conforme a la cual las personas de piel oscura no podían sentarse en los colectivos.)
  • Propuesta B: “Las personas jóvenes y sanas podrán sentarse en los asientos del colectivo, pero deberán cedérselos inmediatamente a las personas embarazadas, ancianas o con distintas discapacidades motrices”.

Los ciudadanos podrán ver que la Propuesta A, de ser aprobada, llevaría a situaciones injustas e inaceptables; por el contrario, la Propuesta B crearía situaciones aceptables por todos, incluso por los jóvenes sanos y fuertes, que no se verían esencialmente perjudicados por la nueva reglamentación.

Claro que acá hay un elemento fundamental que no debemos pasar por alto. Si en mi sociedad la mayoría de las personas tienen pelo liso y si esas personas de pelo liso guardan un odio visceral a las personas de pelo ondulado, entonces las probabilidades para que la imaginación moral y la empatía guíen el proceso de cambio moral son mucho más limitadas. Hay ciertas opiniones atávicas que dificultan enormemente el desarrollo moral de una sociedad.

Por otro lado, la empatía, como toda otra facultad, no está distribuida uniformemente en la población: hay gente naturalmente más empática que otras; por otro lado, hay personas que se han criado en familias que promueven el desarrollo de la empatía, mientras que otras crecen en familias que no le dan importancia a la formación de ciertas capacidades morales. (Al fin y al cabo, las capacidades morales son facultades que pueden fomentarse como cualquier otra capacidad, como la capacidad cognitiva, la física, etc.)

Seguramente, en los extremos del espectro “empático” no se encuentra nadie: no puede haber personas sin ni siquiera una pizca de empatía, como tampoco es pensable una persona con una empatía total. Pero entre medio de esos dos polos hay una graduación de más o menos empatía en la que estamos todos: hay gente bastante dura moralmente hablando, que solo atiende a sus propios intereses presentes, hay gente con mediana empatía, hay gente bastante empática, etc.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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