El contractualismo como herramienta normativa

Quien haya seguido las entradas anteriores bien puede interrogarse acerca de cómo se forman los principios éticos fundamentales. ¿Cómo se “moldean” esos principios, de manera que la masa informe de la normatividad adopte una forma concreta?

Existen distintos “métodos” o, si se me permite la metáfora, distintos “talleres” en los que se fraguan estos o aquellos principios morales. El utilitarismo es uno de ellos. Yo, personalmente, me siento inclinado al contractualismo, una palabra compleja para aludir a un enfoque que fue muy fructífero durante la Ilustración y que, tras pasar a segundo plano durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, volvió a cobrar relevancia a partir de 1971, con la publicación de Una teoría de la justicia, de John Rawls.

La idea central del contractualismo es esta: para saber qué principios éticos han de guiarnos, tenemos que imaginar que esos principios han sido resultado de un contrato redactado y firmado por todas personas de la sociedad. Imaginemos un momento inicial (T0), en el cual un número relativamente pequeño de individuos quieren vivir juntos y cooperar, pero aún no han dado el primer paso, esto es, no han establecido el conjunto de principios básicos para regir sus interacciones. ¿Cuál sería el resultado (el sistema de principios éticos) que emanaría de esas deliberaciones y negociaciones? En palabras de Rawls:

«Idealmente, los ciudadanos deben pensarse a sí mismos como si fueran legisladores y como si se preguntaran qué estatutos ellos considerarían los más razonables para poner en vigor, estatutos que deberán estar apoyados en razones que satisfagan el principio de reciprocidad.» (He tomado esta cita del artículo de Rawls, “The idea of public reason revisited”, de 1997)

Claro que lo que acá tenemos son actores morales prosociales, esto es, actores que quieren formar y mantener una comunidad, por más que para ello tengan que hacer ciertas concesiones y ciertos sacrificios.

No hay que suponer que esos actores morales que comienzan a deliberar y a negociar situados en esa “posición originaria”, como la llamaría Rawls, sean héroes o santos. Hemos de suponer en ellos cierto carácter moral, aunque no hemos de concebirlos como personas moralmente excepcionales. Bien podrán tener su buena cuota de egoísmo, podrán estar guiados principalmente por el autointerés y podrán darle preeminencia a su propio bienestar (y al de los suyos) por encima del bienestar de todos los restantes miembros de la comunidad.

Lo que sí es necesario postular es que esos actores morales tendrán un cierto nivel de inteligencia y prudencia, esto es, que razonarán no solamente en función de su interés a corto plazo, sino también en función de su interés a mediado y a largo plazo. En este sentido puede decirse que son actores morales racionales.

Todo esto puede sonar a fantasía y, en cierto sentido, lo es. El contractualismo no constituye una explicación histórica acerca de cómo han surgido y han evolucionado los sistemas morales positivos desde que el hombre abandonó las cavernas hasta nuestros días. Ya Immanuel Kant (1724-1804) señaló este aspecto en su En defensa de la Ilustración. El contractualismo es, repito, un enfoque que la filosofía moral pone a nuestra disposición en tanto “recurso mental” destinado a generar principios éticos.

Así, cuando yo por ejemplo en el post anterior me preguntaba qué tipo de paternalismo puede ser susceptible de justificación moral, en el fondo lo que hacía era echar mano a este recurso filosófico para evaluar si algún tipo de paternalismo podría ser aceptable. Si imagino a distintos actores morales en una situación originaria, discutiendo entre ellos qué tipo de principios éticos quisieran tener en la sociedad que van a conformar, ¿incluiría en ese listado al paternalismo restringido o moderado, descartando al paternalismo total? Yo creo que sí, creo que sólo el principio de un paternalismo moderado podría pasar por el tamiz de mi “imaginación moral” contractualista.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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