Neil Gorsuch y el futuro del suicidio asistido y la eutanasia

Los otros días leía que Donald Trump había propuesto a Neil Gorsuch para cubrir el cargo de juez asociado de la Corte Suprema de ese país.

     Algunos activistas en favor de la legalización del suicidio asistido en los Estado Unidos temen que esa propuesta tenga consecuencias funestas para su causa, ya que Gorsuch es republicano “hasta los tuétanos”: exponente de una postura decididamente conservadora. Pero, aparentemente, este temor es infundado ya que, tras la sentencia dictada por la Corte Suprema hace unos años, los jueces federales no pueden interferir en las decisiones que tomen en esta materia los estados miembros. En otras palabras, legalizar, despenalizar o continuar prohibiendo la práctica del suicidio médicamente asistido es asunto de cada estado y la justicia federal no está facultada a entrometerse.

     En todo esto, lo que me resultó más interesante fue enterarme de que Neil Gorsuch había publicado en 2006 un libro titulado The future of assisted suicide and euthanasia, libro basado en su tesis de doctorado. Allí el autor examina los argumentos éticos y legales a favor y en contra de la legalización de la muerte asistida (suicidio y eutanasia); no obstante, a pesar de ese examen pormenorizado, al final del libro Gorsuch vuelve a la posición de que parte, posición que puede sintetizarse de esta manera: la vida humana es intrínsecamente valiosa y, por lo tanto, ninguna persona puede disponer de ella. (“Todos los seres humanos son intrínsecamente valiosos y la quita intencional de una vida humana por un particular es siempre errónea”, se lee en las págs. 4-5.)

     Más allá del interés que indudablemente tienen los capítulos dedicados a analizar en detalle los argumentos a favor y en contra de la eutanasia, el libro en su conjunto no hace más que repetir una vez más la posición de los conservadores. Si se me permite esta comparación: es como leer una novela policial sabiendo de antemano quién es el asesino.

     El punto para mí es este. Tomemos la primera declaración de Gorsuch: “La vida humana es intrínsecamente valiosa”. ¿Quién puede estar en desacuerdo con este enunciado (dejando de lado las personas con serios trastornos mentales)? ¿Hay algún activista serio en favor de la libre elección que no piense también de ese modo? El hecho de que un paciente en estado terminal quiera poner punto final a su existencia porque se le ha vuelto una carga insoportable debido al dolor físico y al sufrimiento moral no significa que para él la vida carezca de valor. Es más, muchas personas aman tanto la vida que entienden que querer prolongar a toda costa su duración cuando ya la existencia ha perdido toda o casi toda su calidad es una deshonra. En mi opinión, el problema no es si consideramos o no a la vida humana intrínsecamente valiosa, sino qué consecuencias prácticas queremos derivar de ese punto de partida en común.

     Si inmediatamente luego Gorsuch afirma que “nadie puede lícitamente disponer de la vida de otro”, tiene entonces que rechazar todos los actos que tengan que ver con la guerra, la defensa propia y la pena capital, algo que el autor no hace en su libro.

     Estoy de acuerdo con Gorsuch en que las leyes de una sociedad deben basarse en el principio orientado a proteger la vida humana dado su valor intrínseco. Por esta razón el Estado puede, por ejemplo, obligar a sus ciudadanos a usar el cinturón de seguridad cuando van en auto. Yo también soy partidario de un cierto grado de paternalismo. Pero el tema es que, para seguir con el ejemplo, no llevar el cinturón de seguridad es un acto injustificable e irracional, que generalmente nace de la negligencia y el descuido de los conductores. En cambio, el paciente que se encuentra en un estado terminal y solicita la asistencia a la muerte digna es alguien que ha tomado esa decisión tras una reflexión madura y prolongada.

     Desconozco los pormenores de la carrera judicial de Gorsuch y menos aún sé cómo es en su vida privada. Lo que sí puedo decir es que no me cierra el que un republicano hable del valor de la vida humana y, al mismo tiempo, favorezca o sea miembro de un partido que favorece ciertas políticas a nivel nacional e internacional que indudablemente restan valor a la persona. ¿Por qué impedir a un enfermo terminal que finalice su vida del modo como mejor le parezca y en cambio negar la asistencia médica de calidad a millones de individuos que viven en los Estados Unidos? ¿Es coherente predicar el valor de la persona, al tiempo que se promueve una política internacional agresiva y belicosa? ¿Podemos tomar en serio a los miembros de un partido que niegan la autonomía del enfermo terminal mientras que paralelamente enfatizan la libertad de cada norteamericano de tener armas de guerra en su casa “para defenderse”?

     Una última observación: el libro de Gorsuch es de 2006. Entonces solo Holanda y Bélgica habían introducido la eutanasia, y el suicidio asistido era lícito únicamente en el estado de Oregón y en Suiza. Pero en los últimos diez años muchas cosas han cambiado. A la lista de países que permiten la eutanasia cabe agregar Luxemburgo, Canadá y Colombia. Los estados norteamericanos que han legalizado el suicidio asistido ya son seis: aparte de Oregón se cuentan California, Colorado, Montana, Vermont y Washington. Todo lleva a pensar que en los próximos años habrá un puñado más de países y de estados norteamericanos que se sumarán a estas listas.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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