Tom Beauchamp y la ley de muerte digna en Oregón

Hace veinte años, poco después de que el estado de Oregón legalizara el suicidio médicamente asistido, el filósofo norteamericano Tom L. Beauchamp publicaba un artículo exponiendo su posición al respecto. A pesar de los años que han transcurrido, el artículo sigue siendo actual, como intentaré mostrar.

La primera parte del artículo trata sobre la tradicional diferencia entre eutanasia activa y eutanasia pasiva, una diferencia muchas veces infundada, como Beauchamp discute. Supongamos que un caso típico de eutanasia activa sea cuando el médico le inyecta al paciente terminal la sustancia letal que lo llevará de forma indolora y veloz a la muerte, mientras que un caso igualmente típico de eutanasia pasiva se dé cuando el facultativo le retira al paciente soportes vitales como la ventilación, la hidratación y la nutrición artificiales. Ahora bien, ¿con qué razón podemos afirmar, como generalmente se dice, que mientras que en el primer caso el médico “mata” al paciente, en el segundo simplemente lo “deja morir”? Si no queremos dejar de usar el verbo matar, en realidad tendríamos que decir que en el segundo caso el facultativo también “mata” al paciente al retirarle los tubos que lo tienen en vida. Pero el problema es que matar es un término que implica una valoración, una valoración en este caso inadecuada, ya que lo central, como dice Beauchamp, y lo que justifica tanto el primero como el segundo acto médico, es la voluntad del paciente, el deseo de terminar con su vida, una vida que se le ha vuelto una carga insoportable y degradante. Esa voluntad se materializa en una solicitud (en lo posible, escrita), de carácter legal. Es un error afirmar que la eutanasia pasiva es lícita porque allí solo “se deja morir” al paciente (se deja que “la naturaleza siga su curso”), mientras que la eutanasia activa es ilícita porque en tal caso se “mata” al paciente (se comente un homicidio). Si el punto de partida es el paciente autónomo (¿y qué otro punto de partida podríamos adoptar en una sociedad moderna, abierta y pluralista?), entonces la práctica de la interrupción de los tratamientos es tan licita como la asistencia a la muerte, toda vez que ambos actos nazcan de una elección libre e informada por parte del enfermo.

En la segunda parte del artículo, Beauchamp discute su posición respecto a la legalización del suicidio asistido. Si bien, como se desprende de lo anterior, el autor considera que la ayuda a la muerte voluntaria es un acto lícito, no es por ello un defensor incondicional de la legalización del suicidio asistido. Para Beauchamp, lo importante es que la decisión de continuar viviendo con la enfermedad terminal, la de interrumpir todo sostén vital y la de, llegado el caso, terminar con la propia vida mediante un fármaco letal sean elecciones que emanen de un diálogo profundo y continuo entre el médico y el paciente; y a la base de tal diálogo es necesaria la confianza mutua. Si la decisión por acelerar la llegada de la muerte ha sido madurada entre los dos actores, el paciente y su médico, entonces para el filósofo norteamericano el acto posee justificación moral y, por tanto, no es punible. De hecho, Beauchamp compara la práctica del suicidio asistido y de la eutanasia voluntaria con un acto de desobediencia civil por motivos moralmente atendibles. Así como el pacifista no puede ser condenado por negarse a ir a la guerra, del mismo modo el médico no puede ser procesado por ayudar a morir a un paciente que así lo deseaba. En otras palabras, Beauchamp no esta totalmente convencido de la necesidad de legalizar la muerte voluntaria, pero sí de despenalizarla. Su posición moderada lo lleva a inclinarse por la despenalización más que por la legalización.

Asimismo, Beauchamp es cauto a la hora de evaluar la fuerza del argumento de la pendiente resbaladiza. Es cierto que rechaza como carentes de fundamento muchas de las terribles predicciones (erosión de la sensibilidad moral, vuelta a la barbarie, etc.) que una y otra vez traen a colación los sectores conservadores, pero, a su vez, insta a proceder con tino toda vez que se promueva una reforma legal y social, ya que nunca podemos estar totalmente seguros de que tales transformaciones estén exentas de consecuencias indeseadas. En efecto, Beauchamp ve en Oregón un “laboratorio” donde se llevará a cabo un experimento social: allá podrá ir viéndose si la legalización trae aparejada una caída en el precipicio moral o, por el contrario, un progreso moral.

A veinte años de la aprobación de la ley de muerte digna podemos arribar a dos conclusiones. En primer lugar, los resultados del experimento social en Oregón hablan a las claras: la legalización no ha provocado el desliz moral, sino, muy por el contrario, ha supuesto una salida digna para un grupo de pacientes terminales que, debido a su estado y a su personalidad, no ven en la medicina paliativa una alternativa para afrontar sus últimas semanas o sus últimos meses de vida. En segundo lugar, debido a que la opción por la muerte voluntaria no es una rareza, es mejor legalizar que despenalizar. Sin duda, es siempre un grupo minoritario el que solicita ayuda para morir (incluso en países como Holanda y Bélgica no va más allá del tres por ciento del total de las muertes anuales), pero es un grupo lo suficientemente numeroso para hacer necesaria la legalización, y no tan solo la despenalización. Cuando una práctica social se vuelve recurrente, no puede seguir siendo tratada como un caso aislado de “desobediencia civil”, como una excepción moralmente justificada.

Tom L. Beauchamp, “The justification of physician-assisted deaths”, Indiana Law Review, vol. 29, núm. 4, 1996.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
Esta entrada fue publicada en Ética, Ética aplicada, Filosofía de la medicina, Filosofía política, Uncategorized y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s