Eutanasia y autonomía

Hoy puedo decir que el manuscrito «ya está». Esta mañana terminé de releerlo por enésima vez y de hacerle las correcciones del caso. Muy probablemente llevará por título Eutanasia y autonomía: conceptos, argumentos, reflexiones. (Esa es una de las cosas que quedan por definir, el título.)

Escribir el libro fue como preparar la salsa blanca para los canelones del domingo. Al principio, la cosa era chirle, aguachenta, parecía que nunca iba a amalgamarse. Pero escribir es como cocinar: no hay que desesperarse, porque los ingredientes necesitan su tiempo (de maduración, de fermentación, de cocción). Y en el momento menos pensado, cuando uno ya está por abandonarlo todo, de golpe se siente que la cuchara encuentra una resistencia en su paso: el líquido se está endureciendo. Hora de seguir removiendo con mucha atención y con renovadas energías, porque lo que se viene es vertiginoso: rápido, que no se pegue, que no se formen grumos, que no quede crudo, que no se pase.

¿En qué punto me hallo, entonces? Ahora empiezo a retirar la cacerola del fuego, mientras revuelvo por última vez y constato maravillado que eso que hasta hace poquito era una sopa blanca se ha vuelto una pasta densa, espesa, uniforme, de la que unas bolas de aire se abren paso con dificultad hasta estallar en la superficie.

El título previsto, Eutanasia y autonomía, agrupa los dos conceptos centrales del manuscrito. En resumidas cuentas es un estudio sobre la eutanasia o, más concretamente, es una defensa de la muerte voluntaria, desde el punto de vista ético basado en la autonomía de la persona. Si se cumple una serie condiciones que especifico, entonces la eutanasia voluntaria y el suicidio asistido pueden considerarse actos moralmente lícitos. Cabe, entonces, abogar por su legalización.

El subtítulo da cuenta de las tres partes de la obrita (digo «obrita», porque, al fin y al cabo, consta de 170 páginas, o sea, se lee en dos tardes). La primera parte es «conceptos». Allí lo que hago es explorar los principales conceptos utilizados en el debate: vida, muerte, persona, eutanasia voluntaria, suicidio médicamente asistido, eutanasia forzada, eutanasia no voluntaria, eutanasia directa e indirecta, eutanasia pasiva y activa, etc.

La segunda parte es «argumentos». Empiezo presentando el principal argumento a favor de la legalización de la eutanasia, el argumento que emana de la posición ética basada en la persona como ser autónomo, razonable y responsable. Acto seguido, discuto la pertinencia de dos posiciones filosóficas complementarias, la ética de la misericordia y el utilitarismo, posiciones traídas a colación a la hora de justificar la eutanasia en pacientes que no son -o han dejado de ser- personas. Por último, paso al análisis de los cuatro argumentos que se esgrimen con frecuencia contra la eutanasia: el argumento de la sacralidad de la vida, el argumento de la misión de la medicina, el argumento de la medicina paliativa y el argumento de la pendiente resbaladiza. Creo mostrar que ninguno de esos argumentos es fundado.

La tercera y última parte, «reflexiones», es la más breve. En ese capítulo final trato de especificar qué es a mi entender la buena muerte o, si se prefiere, en qué consiste el buen morir. El objetivo, de última, es mostrar cómo la eutanasia voluntaria y el suicidio asistido pueden en determinados casos volverse aspectos constitutivos del buen morir.

Confieso que llegar a este punto, a este punto en que uno dice «es hora de sacar la cacerola del fuego», me llevó algo más tres años. No siempre trabajé a tiempo completo en el libro, como si dispusiera de una beca, pero fueron 36 meses de labor ininterrumpida. Tal vez debería haber escrito este libro en otro momento, cuando sea viejo y esté enfermo. ¿Quién me garantiza que con el tiempo no vaya a cambiar de parecer? Cuando me asole la vejez y la enfermedad, ¿seguiré pensando lo mismo? No lo sé. Tal vez pueda volver entonces a reflexionar sobre las conclusiones a las que ahora llego. De todos modos, me interesa dejar en claro que yo no le aconsejo que opte por la eutanasia o el suicidio a ninguno. Mi posición es otra, la de abogar por la legalización de la muerte voluntaria, por la introducción de un derecho. Luego, cada cual podrá decidir qué hacer. Puede hasta que yo mismo no opte por la solicitar ayuda para morir, aun encontrándome en la fase final de una enfermedad incurable, preso de dolores físicos y morales atroces. Todo es posible. Pero estoy convencido de que siempre es bueno contar con ciertos derechos básicos, aún cuando uno no haga uso de esos derechos. Lo importante es saber que uno tiene la libertad de decidir cómo y cuándo morir, aunque no haga uso efectivo de esa posibilidad.

Si para algo me ha servido este tiempo de estudio y de investigación, es para esto: para entender que muchos de los problemas sociales (por ejemplo, muchos problemas bioéticos) con los que nos enfrentamos casi a diario resultan no de un «exceso de razón», sino de un déficit de la misma. No estamos mal porque la razón impere en el mundo; justamente, lo contrario es lo cierto, el que estamos mal porque se usa poco (y mal) nuestra capacidad de razonar.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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