En las últimas semanas estuve bastante ausente de este blog. La razón es que he estado pasando en limpio el borrador de mi próximo libro. Aún me falta mucho para tener una versión más o menos “decente”, pero la cosa va tomando forma.
Una de las tesis del libro es que el concepto filosófico de persona es y seguirá siendo un concepto central para la ética y el derecho, por más que sea harto difícil definir qué es la personalidad (en sentido filosófico, no psicológico). De todos modos, sostengo que, aun si pudiéramos dar con una definición clara y precisa de persona, esta noción no agotaría por sí sola el conjunto de los seres intrínsecamente valiosos.
Personalmente, creo que hay dos errores contrapuestos. El uno consiste en aferrarse a la dicotomía tradicional de persona/cosa, como si el universo moral pudiera ordenarse en términos de blanco y negro: “x es persona o es cosa, punto”. Es hora de superar esta visión dicotómica que, dicho sea de paso, constituye un legado del pensamiento romano.
El otro error consiste en, sin lograr escapar de la lógica anterior, extender lo más posible el concepto de persona, cubriendo así entes que, por más que nos esforcemos, no pueden ser consideradas personas. Por ejemplo, un perro no es una persona, pero muchos activistas sostienen que la única manera de proteger a los animales es “estirando” el concepto de persona hasta lograr incluirlos. Igualmente, un biotopo no es ni puede ser considerado una persona, por más que valga la pena otorgarles protección legal.
(Si me aprietan, voy a terminar diciendo que para mí tampoco son personas los embriones humanos, ni los pacientes en coma irreversible o en estado vegetativo permanente. Como ven, distingo persona de hombre, pero más de esto otro día.)
¿Soy desalmado al afirmar lo que decía de los animales? No, porque acá justamente se esconde una de mis propuestas, la de complementar y diversificar nuestras categorías morales y legales. Necesitamos categorías intermedias entre persona y cosa, y una de esas categorías es, para mí, la de sujeto. Los perros, por ejemplo, sí son sujetos, aunque no sean personas.
¿Qué entiendo por sujeto? Entiendo todo individuo que, sin llegar a ser persona, poseen una compleja vida mental que se extiende a lo largo de sus vidas (no importa si son solo algunos meses, años o décadas). Todo sujeto posee una biografía, aunque solo las personas seamos capaces de escribir esa concatenación de vivencias y experiencias.
El biotopo, para ir al otro ejemplo, tampoco es una persona, y la verdad es que aquí tampoco podemos hablar de sujeto. Un biotopo es un sistema que incluye elementos bióticos (como las plantas) y abióticos (como la tierra). Como tal, es un conjunto medioambiental con valor intrínseco, otra de las categorías éticas y legales que deberían pasar a engrosar nuestra visión del mundo.
En síntesis, el mundo está compuesto de personas y de cosas, pero también de sujetos y de objetos y sistemas intrínsecamente valiosos.





