El mérito como criterio para el triaje: consideraciones adicionales

En una entrada de la semana pasada defendía la propuesta de que el mérito debe ser uno de los criterios a tener en cuenta en el odioso caso de tener que hacer un triaje, esto es, una selección última de pacientes en circunstancias excepcionales, tales como las que nos presenta una y otra vez la pandemia. Claro que en esa discusión mérito significaba ni más ni menos que “contar con la pauta de vacunación completa (y, eventualmente, con la dosis de refuerzo)”, esto es, no incluía otras dimensiones del mérito, como podrían ser la condición de no fumador del paciente o su observación estricta de las medidas establecidas por el protocolo sanitario. Cuando hay solo unos minutos disponibles para decidir a qué paciente le corresponde la última cama del hospital dotada de un respirador, no tiene sentido comenzar a escarbar en el pasado del enfermo en busca de aspectos meritorios.

Yo no abogo por una sociedad meritocrática: el mérito no debe constituirse en el único parámetro para llevar a cabo un triaje, ni para decidir en general quién ha de tener acceso a qué prestaciones de salud, ni para organizar toda la vida comunitaria, en sus múltiples aspectos. De todos modos, tampoco defiendo la postura contraria según la cual hemos de eliminar cualquier referencia al mérito personal a la hora de asignar los siempre escasos recursos sociales. In medio virtus, decían los medievales en un esfuerzo por condensar la ética de Aristóteles: en el justo medio se halla la posición acertada.

Cuando comencé mi investigación de doctorado, mi codirector de tesis, Dieter Birnbacher, me sugirió leer un viejo librito de Nicholas Rescher, Distributive Justice, texto que desde entonces ha quedado en mi memoria. Rescher, con su predilección por la exhaustividad y la sistematicidad, reúne todos los criterios pensables para realizar una asignación justa de recursos, desde la necesidad del futuro beneficiario hasta su mérito, y los analiza a todos, capítulo a capítulo.

La conclusión de Rescher es que ninguno de los criterios imaginables puede volverse, por sí solo, el centro de nuestra concepción de la justicia (en el ámbito médico, en el laboral, en el educativo, etc.). Por suerte –o por desgracia, depende de cómo se lo mire– nuestras consideraciones éticas respecto a la justicia están llamadas a ser más complejas y matizadas de lo que a primera vista desearíamos.

Repito: querer hacer del mérito la única base sobre la cual construir nuestras valoraciones sociales es tan erróneo como pretender lo contrario, ya que un sistema social organizado sin ninguna referencia a lo meritorio es tan inestable como una mesa sin una de sus cuatro patas.

La crítica que normalmente se le hace desde la izquierda al señalamiento del mérito es que así se deja fuera de la competición a un amplio sector de la población que carece de antemano de los recursos necesarios para competir. Es injusto darle el premio escolar a, digamos, Juan y no a Pedro, si Juan viene de una familia culta y adinerada que pudo darles a sus hijos todo el estímulo y ofrecerles todas las condiciones para que se destacaran en la vida académica, mientras que Pedro no ha contado con nada de eso.

Pero si una sociedad llegara a brindarles a todos los niños las mismas condiciones de partida, si todos pudiesen ubicarse en la misma línea antes de comenzar la carrera, ¿no sería entonces justo que uno de los dos, Juan o Pedro, se llevara al final los laureles en base al mérito?

En la teoría de la justicia bosquejada por Rescher queda claro que si Pedro tiene más necesidades que Juan, entonces es justo que reciba la compensación necesaria antes de la competencia. (La teoría de la justicia de Rescher es, por decirlo de algún modo, multifactorial: la necesidad cuenta tanto como el mérito.)

No se trata de eliminar la competencia de la vida colectiva, sino de hacerla justa. (Además, mérito no es sinónimo de éxito, sino de empeño puesto, independientemente del resultado obtenido.)

He hecho toda esta larga introducción para decir que, así como debemos mantener el criterio del mérito a la hora de asignar recursos escasos a los pacientes, también hemos de velar por que las condiciones sociales de partida sean lo más ecuas posibles. Si alguien argumenta que hay sectores de la población norteamericana, tal como lo hacen Olivia Schuman et álii, que no han podido tener acceso justo a la vacunación, entonces es correcto que dejemos de lado el criterio del mérito (en tanto “posesión de la pauta completa de vacunación”) a la hora de efectuar un triaje.

Ya dije que conozco muy poco de los Estados Unidos y, sobre todo, de la Norteamérica profunda, para decidir si los autores tienen razón o no en su denuncia de un racismo estructural e internalizado como el principal factor que ha llevado a que the people of color (la gente de color) no esté tan vacunada como la población blanca.

De todos modos, quisiera citar aquí un breve artículo escrito por Harald Schmidt y colegas, recientemente aparecido en la misma revista de bioética, que en cierta medida dialoga con el anterior.

Es más, el artículo sugiere la idea contraria: que en los Estados Unidos ha habido una amplia aceptación de las políticas de vacunación que favorecían a los sectores tradicionalmente marginados, constituidos por la gente de color. Por ejemplo, en algunas ciudades norteamericanas la vacunación anti-covid comenzó antes en aquellos barrios que se destacaban por su alto índice de vulnerabilidad social (Social Vulnerability Index).

Si esta aseveración es correcta, entonces ha habido un cierto esfuerzo, por tímido que hubiera sido, por compensar las carencias de los sectores vulnerables. Por tanto (la conclusión corre por mi cuenta), no es del todo descabellado (ni despiadado, ni derechista) proponer al mérito como uno de los criterios para efectuar un triaje, en caso de que sea necesario.

Bibliografía

Harald Schmidt et al., “US adults’ preferences for race-based and place-based prioritization for COVID-19 vaccines”, Journal of Medical Ethics, 2022

Olivia Schuman et al., “COVID-19 vaccination status should not be used in triage tie-breaking”, Journal of Medical Ethics, 2022

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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