La eutanasia en Bélgica (cuarta parte)

Hoy voy a continuar con la reseña del libro editado por T. Devos sobre la eutanasia en Bélgica, pasando revista a un artículo más.

El escrito de Rivka Karplus lleva el título: “People facing the question of euthanasia: patients, family and friends, healthcare workers” (o sea: “La gente que enfrenta la cuestión de la eutanasia: pacientes, familia y amigos, trabajadores de la salud”).

Karplus es una médica especializada tanto en medicina interna como en enfermedades contagiosas, entre ellas el sida. Su experiencia plurianual con pacientes en el lecho mortuorio le ha enseñado que tan importante como el dolor en sus distintas manifestaciones (desde el dolor físico hasta el sufrimiento psicológico) es la sensación de impotencia o de pérdida de control sobre la existencia a que los sume la enfermedad incurable a los pacientes, pero no solo a ellos: también a los médicos y a los familiares y amigos que les están cerca.

Es por esta razón que Karplus muestra cierta comprensión por la opción por la eutanasia: el recurso a la práctica eutanásica es una manera de empoderarse de la enfermedad, una forma de volver a tomar las riendas del destino. El paciente que opta por la muerte voluntaria y que llega a tener el frasquito con el barbitúrico al alcance de su mando en la mesita de luz es un paciente que se planta ante la enfermedad y la muerte y les dice: “Ustedes me están llevando inmisericordemente de este mundo, pero vean que yo soy quien, en última instancia, va a determinar el cómo y el cuándo de mi muerte”.

Dicho sea de paso, esto me recuerda un cuento de Leopoldo Lugones, “La lluvia de fuego”. En esa historia, el protagonista sabe que va a morir, incluso que va a morir en las próximas horas, porque una lluvia de fuego está devastando todo el mundo y probablemente él ya sea uno de los últimos sobrevivientes, si no el último. Esa situación le genera una gran angustia, angustia que se incrementa hasta que da con un recipiente que contiene un veneno letal. (No recuerdo si lo dice en el texto, pero podría ser cianuro de potasio, la sustancia con la que algunos años después de la escritura del cuento el mismo Lugones se quitaría la vida.) En ese momento, el protagonista razona: “No pudiendo huir, la muerte me esperaba; pero con el veneno aquel, la muerte me pertenecía”.

En síntesis, Karplus se empeña por comprender a todos los que están a favor de la eutanasia: pacientes; personas cercanas a los pacientes y que los apoyan en esa decisión; e incluso médicos que practican el acto eutanásico, ya que para muchos profesionales es una fuente de frustración el ver que “ya no pueden hacer nada más por curar a tal o cual paciente” que siguen y ahora, al menos, pueden “hacer algo”: ayudarlo a morir en sus propios términos.

Por supuesto que, más allá de esta comprensión, la posición de Karplus apunta en otra dirección: para ella la mejor manera de plantarse ante la enfermedad y la muerte es la medicina paliativa o, mejor, la asistencia en el sentido más amplio del término, que incluye no solamente el hacer experto del profesional de la salud, sino incluso el cuidado más simple que puede ofrecerle un allegado al paciente, por ejemplo, la acción, aparentemente sencilla, de acompañar un par de minutos al moribundo.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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