Diario de la pandemia y de la guerra (jueves, 3 de marzo de 2022)

Por supuesto, el tema del coronavirus apenas si afloró en las conversaciones cotidianas y en las notas periodísticas de la última semana; todos estamos atentos a la situación en Ucrania, a qué está pasando en estos momentos, a qué va a pasar en las próximas semanas y a qué pasó en los últimos años en esa vasta parte del mundo, ya que no disponemos aún de una explicación clara y convincente del origen del conflicto.

Es como si hubiésemos saltado al próximo capítulo de la Historia –así, con mayúscula– sin haber concluido antes el que veníamos leyendo. El virus sigue, sigue difundiéndose, sigue mutando y matando, y estamos lejos del fin definitivo de la pandemia, si es que puede hablarse de un final nítido, como cuando aparecía escrito THE END en las cintas, ya que lo más probable es que se sumerja en un estado endémico que nos acompañe por décadas o siglos.

Vean, si no: ayer en Grecia tuvimos unos 17.000 nuevos contagios confirmados, cifra que es, a esta altura, poco representativa, porque creo que un número igual o superior de infectados se escurre de los registros oficiales.

Continúo: el número de muertos de ayer fue de 54. Se trata de una cifra nada despreciable. Sin embargo, alguien podría decir que vamos bien, teniendo en cuenta que hasta hace muy poco veníamos a un ritmo de cien víctimas por día del coronavirus. No comments.

Por último, el número de personas en terapia intensiva e intubadas bajó un escalón más y se ubicó en 400. ¿Cómo interpretar esta cifra? Depende. Mitsotakis y su entorno pueden sentirse aliviados, por ejemplo, porque ese número significa que ahora está comprometida tan solo la mitad de la capacidad hospitalaria de Grecia. Hay margen de maniobra para otra cosa, por ejemplo, para abrirle las puertas al turismo.

Disculpen si encuentran un dejo de sarcasmo en las líneas de arriba. Lo que pasa es que veo no solamente que ya nos estamos olvidando de todo lo que pasamos los últimos dos años, sino, sobre tode, que no hemos aprendido la lección.

Hemos vuelto a producir montañas de productos innecesarios, a consumir sin tasa, a movernos por el mundo sin restricciones y a explotar la naturaleza inmisericordemente, creando así las condiciones para el surgimiento de una nueva pandemia. Y esto es algo que no lo digo yo, sino los más prestigiosos virólogos y epidemiólogos.

Sin ir más lejos ni esperar a que en los próximos años surja una nueva pandemia: aún es probable que surja una nueva variante del SARS-CoV-2 que vuelva a complicarnos los tantos. Toda esta distensión mental que veo en Grecia solo se explica, creo, porque la gente ha dado por sentado que ómicron se ha vuelto la variante principal, una variante increíblemente contagiosa pero poco o nada dañina.

Por un lado, es cierto que con la expansión de ómicron las reglas del juego han cambiado. Sabemos que es importante vacunarse y estar ya bien inoculado con las tres dosis, pero sabemos también que eso no impide pescarse la ómicron y pasársela a otros. En el peor de los casos, eso significa tener que aguantarse un par de días en casa con síntomas leves, comparables a los de un resfrío o una gripe.

Tal vez aquí convenga aclarar algo: ómicron es una denominación genérica que ya incluye, al menos, tres subvariantes (BA.1, BA.2 y BA.3). Por lo que sabemos, en varios países europeos BA.2 está empezando a reemplazar a BA.1, la subvariante original de ómicron. ¿Por qué? No hay una respuesta definitiva a esa cuestión, tengo entendido. Tal vez se deba a que la nueva subvariante no se ve afectada por las defensas que adquirimos previamente, sea gracias a las vacunas que a los contagios con las variantes anteriores. (A este respecto es interesante el artículo de Ewen Callaway aparecido el 24 de febrero de este año en Nature, “Omicron sub-variant: what scientists know so far”.)

Una conjetura final: acá en Grecia la situación va a seguir más o menos igual hasta fines de marzo. ¿Por qué digo esto? Por dos motivos, porque el frío parece que va a extenderse hasta mediados de mes (así lo piensan los meteorólogos) y porque aún hay un fin de semana largo “de carnaval” por delante (el próximo sábado, domingo y, queriendo, lunes, que es Καθαρά Δευτέρα, feriado religioso que da inicio a la cuaresma ortodoxa). O sea, la gente va a seguir pasando mucho tiempo en lugares cerrados y, para colmo, usando poco y mal la mascarilla porque ¡¿quién va a festejar Απόκριες, o sea, Carnaval (o, literalmente: las Carnestolendas, como se decía antes) con tapabocas y distancia social?!

Cada uno festeja Carnaval a su modo. Mural de Páuliani, Ftiótide.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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