Diario de la pandemia (16 de junio de 2021)

La pandemia sigue comportándose acá en Grecia más o menos como lo anticipaban los modelos epidemiológicos y como la gente se lo esperaba: el número diario de contagios sigue bajando –ya se ubicó por debajo de los mil–, la cifra de personas intubadas ronda los 320, mientras que las muertes diarias son (todavía) una veintena. (Por lo pronto, sabemos que de todos los que están intubados, la mitad más o menos morirá, mientras que la otra mitad se recuperará no sin grandes dificultades, y algunos de estos tendrán síntomas postraumáticos por el resto de sus vidas.)

Estos números, sumados a los que arroja la campaña de vacunación en todo el territorio nacional, permiten cierto optimismo. Por lo pronto, a menos que suceda algo realmente extraordinario, está claro que los tres meses de verano que tenemos por delante serán tranquilos. ¿Qué pasará después? Nadie tiene la bola de cristal para ver el futuro, pero los epidemiólogos dan por descontado que habrá una cuarta ola (ένα τέταρτο κύμα) a partir de setiembre u octubre, pero que esa ola, gracias a la inmunidad lograda sobre todo por la vacuna (το τείχος ανοσίας), será de baja intensidad.

A propósito de la campaña de vacunación, quisiera comentar la decisión tomada anteayer en Grecia y en otros países europeos como Italia: a partir de ahora se suspende la aplicación de la vacuna de AstraZeneca en los menores de 60 años. ¿Qué significa esto concretamente? Significa que –y aquí me baso en la resolución tomada por la comisión griega encargada del tema, la Εθνική Επιτροπή Εμβολιασμών– las personas de menos de esa edad recibirán la vacuna de Pfizer, Moderna o Johnson y Johnson, no la de AstraZeneca. En el caso de haber ya recibido la primera dosis, se considera que no es ya riesgoso recibir la segunda, así que completarán el ciclo de vacunación de dos dosis con la “vacuna de Oxford”, como también se la llama a la de AstraZeneca.

¿A qué se debe esta resolución? Se debe a que en Grecia y en otros países (yo sigo de cerca el caso de Italia, pero el problema se ha presentado en otras naciones de la Unión Europea) se siguen detectando casos, rarísimos pero letales, de trombosis que, en principio, tienen una vinculación causal con la vacuna de AstraZeneca.

Quiero ser muy cauto porque, por lo que entiendo, todavía no ha pruebas definitivas ni a favor ni en contra de la hipótesis según la cual en un número mínimo de casos la vacuna de AstraZeneca genera una reacción autoinmunitaria responsable de trombosis (es importante señalar que solo un puñado de esas trombosis tienen acto seguido consecuencias letales). Concretamente, en Italia una joven de unos 18 años murió los días pasados tras ponerse la vacuna en cuestión y aquí en Grecia lo mismo ocurrió con una mujer mayor de 40 años, y estos dos casos, que han tenido una gran resonancia mediática, han sido los detonantes que han llevado a que se interrumpiera la administración de la vacuna de AstraZeneca en hombres y mujeres menores de 60 años.

¿Por qué el límite etario de 60? Bueno, porque todos los casos de trombosis detectados en los últimos meses que podrían (insisto: que podrían) tener una vinculación con la vacuna de AstraZeneca ocurrieron en adultos menores de esa edad (y, sobre todo, en mujeres). Aparentemente, los mayores de 60 ya no tienen un sistema inmunitario tan “ágil” y, por lo tanto, no generan la reacción autoinmunitaria que luego se traduce en casos de trombosis.

Por lo que sé, en Italia las autoridades han sido tajantes: suspensión inmediata de la aplicación de la vacuna de AstraZeneca a todos los menores de 60, no importa si ya se han puesto la primera dosis. En Grecia, la directiva es algo más laxa: suspensión de la aplicación de esa vacuna para quienes no tengan la primera dosis, pero aplicación para quienes hayan hecho ya la primera. ¿Por qué? Porque la comisión helena maneja estos números. La probabilidad que la vacuna de AstraZeneca ocasione una trombosis en los menores de 60 años es 1 sobre 150.000, en el caso de la primera dosis. En cambio, para los que ya tuvieron el primer pinchazo de la vacuna de Oxford y no desarrollaron efectos adversos, la probabilidad que se dé una trombosis en la segunda vuelta es de 1 sobre 1.000.000. (Para comparar: la probabilidad que tengo yo de morir este año fulminado por un rayo en una tormenta eléctrica es exactamente la misma: una en un millón. Ese riesgo es tan bajo que no me impide llevar una vida normal y salir de casa, incluso cuando está nublado.)

Para completar el panorama que estaba dando: ¿qué van a hacer en Italia los que ya se vacunaron con la primera dosis de la AstraZeneca? Van a completar el ciclo de las dos dosis con otra vacuna, en particular con la de la Pfizer, o sea, con una vacuna diferente, ya que tanto Pfizer como Moderna han desarrollado sus vacunas con la tecnología basada en el ARN mensajero (o, en inglés, mRNA).

Disculpen que me haya extendido es esta cuestión. Lo hice teniendo en mente, simultáneamente, la situación griega y la realidad, muy sombría, de mi país, la Argentina. Desde un punto de vista estrictamente epidemiológico, la Argentina está viviendo un momento crítico y es muy posible que las cosas no mejoren en los próximos tres meses, en parte debido al invierno.

Quiero ser muy claro al respecto: cuando uno recomienda o no el uso de tal o cual vacuna, no lo hace pensando in abstracto; lo hace pensando en la realidad concreta de tal o cual sociedad. En Grecia, la situación es más o menos esta: estamos entrando en el verano, las curvas van todas en descenso, la cosa parece estar bajo control, el número de vacunados comienza a ser considerable y, last but not least, no hay problemas con el suministro de vacunas, es más, hay vacunas para elegir. No quiero sonar chabacán, pero acá parece como cuando uno va a tomarse un café y lo pide con o sin azúcar, con o sin leche, con o sin cafeína. Lo mismo pasa con las vacunas: acá unos prefieren la de la Pfizer, otros no tienen inconveniente en ponerse la de Moderna y, finalmente, hay quienes buscan la de Johnson, así no tienen que ponerse una segunda dosis porque con un solo pinchazo están listos. O sea: no faltan vacunas y no faltan vacunas de ningún tipo, y la gente puede elegir.

¿Cuál es la consecuencia de esto? La consecuencia es que, cuando hay abundancia y no hay urgencias, los riesgos que en el pasado eran despreciables comienzan a jugar un rol preponderante. La probabilidad de contagiarse del virus es hoy en día baja en Grecia; más baja aún es la probabilidad de enfermar de covid y es casi despreciable la probabilidad de terminar en terapia intensiva, sobre todo si uno sigue cuidándose. De modo que el riesgo de la trombosis (insisto: uno en ciento cincuenta mil para los adultos jóvenes) comienza a tomar más cuerpo a la hora de tener que elegir una vacuna.

En un país como la Argentina, que ayer volvió a tener casi 30.000 contagios en solo 24 horas, aparte de aproximadamente 600 muertos (ni hablo de cómo están los tantos dentro de los hospitales, porque la cosa está desbordada en varios puntos del país), y en el que para colmo hay escasez de vacunas, todas las consideraciones que hacía más arriba deben ser puestas bajo otra luz. Concretamente: cuando la probabilidad de contagiarse es así de alta y cuando igualmente alta es la probabilidad de enfermarse y morir, entonces cualquier vacuna es buena. La vacuna rusa Sputnik V llega con cuentagotas a nuestras pampas y hay cientos de miles de personas que han quedado tan solo con la primera dosis, porque la segunda –que es más difícil de producir– escasea; la vacuna china Sinopharm llega y en cantidades mayores, pero no alcanza a cubrir las necesidades de un país de más de 45 millones de habitantes (otro capítulo merecería la efectividad de esta última vacuna); y ahora comienza a distribuirse la vacuna AstraZeneca “latinoamericana”, la producida al alimón por Argentina y México. En este contexto tan específico, no tiene sentido interrogarse acerca los posibles casos de trombosis: los beneficios de recibir las dos dosis de la vacuna, en particular, la de AstraZeneca, superan ampliamente los costos, esto es, los riegos potenciales que mencionaba.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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