El compromiso político y la actitud acertada

En lo que respecta al compromiso político, los intelectuales oscilamos entre dos actitudes extremas. O bien pretendemos diseñar la sociedad perfecta, la ciudad utópica, y luego exigimos de los hombres que adopten prontamente esas nuevas instituciones que consideramos “inmejorables”, o bien nos dejamos llevar por el desaliento y la frustración, y repetimos con Kant que el hombre está hecho de una madera tan torcida que es imposible enderezarla (“Aus so krummem Holze, als woraus der Mensch gemacht ist, kann nichts ganz Gerades gezimmert werden”).
Creo que estas dos actitudes extremas son incorrectas y perniciosas. Pasar del entusiasmo por querer cambiarlo todo de la noche a la mañana, a la apatía (que al fin y al cabo puede ser una forma de justificar la propia inacción cuando deberíamos actuar, alegando “pero si al final es lo mismo…”), para volver a caer seducidos, más tarde, por alguna nueva utopía, es un ir y venir que no conduce a ninguna parte. La actitud correcta, creo, es aquella que nos mueve a perseguir un objetivo político o social, por pequeño que pueda parecer, e intentar realizarlo sin claudicar, sin desalentarse y sin tampoco ilusionarse demasiado. La actitud correcta la adquiere quien aprende a caminar por la cuerda floja que separa dos abismos, el de las ilusiones por un cambio radical y el de la inacción o indiferencia. Y como en la cuerda floja, el secreto para no resbalarse está en mirar siempre hacia delante, no importa cuán modesta sea la meta que nos espera, ignorando la fascinación que produce el abismo. Ni “creer en la revolución”, ni volverse un cínico descreído. Tener temple, tener carácter (y por eso, digo de paso, es tan importante la ética como algo previo a la política) es saber adoptar una nueva disposición anímica, la de ver la importancia del compromiso social como tal, en sí mismo, más allá de los resultados, más allá del cambio, grande o pequeño, que se realizará en el mundo. Como la persona realmente generosa, que da sin esperar recibir, el ciudadano comprometido políticamente actúa sin ilusionarse ni desilusionarse, por el valor mismo de la acción política. No se trata de ser ciego a los resultados y a las consecuencias, se trata, más bien, de cambiar el enfoque.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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