Tres ideales de la personalidad ética

Para los teóricos de la “ética mínima” (generalmente tachados de materialistas e individualistas), el ideal de persona es, ni más ni menos, el ciudadano que actúa de un modo éticamente correcto, esto es, el ciudadano que ha internalizado las normas y los principios de la moral mínima, como no robar, no mentir, etc., y que actúa correspondientemente. Se trata, por cierto, de un ideal mínimo, de un ideal “escrito con minúscula”. Para esta escuela de pensamiento no son necesarias las “grandes obras”, el heroísmo, la entrega total, basta con que se respeten las leyes y las principales normas morales. Aunque aquí se trate de un “ideal menor”, lo cierto es que estamos, al fin y al cabo, frente a un ideal. Como reza un viejo anhelo: ¡qué distinto sería el mundo si la gente al menos respetara las normas básicas de convivencia!

Para otras líneas de pensamiento, como el utilitarismo de Bentham en adelante y el contractualismo de inspiración rawlsiana, el ideal es el de un ser humano totalmente entregado a una causa ética loable. El activista por los derechos humanos, por la igualdad de la mujer, o por la “liberación animal”; el intelectual comprometido en modificar la legislación para volverla más acorde a los estándares fijados por el pluralismo, la democracia y el liberalismo político; el militante entregado a la lucha por una mayor igualdad social; el pacifista, etc,. son algunos ejemplos de lo que aquí se considera una persona moralmente excelente. No basta con ser una persona intachable e íntegra, sino poseer un objetivo ético y “dar la vida por ello”.

Por último, hay una tercera concepción del ser humano plenamente ético, y es la que muchas veces hace propia la ética de la virtud. Ciertamente, aquí el ideal no se opone a los dos anteriores, por el contrario, los presupone. Pero a lo que se atiende aquí no es tanto al hecho de ser moralmente intachable o de entregarse a un proyecto ético de relevancia, sino a la búsqueda de la perfección moral incluso en la vida diaria, al cultivo de las virtudes, a la formación continua del carácter. Es más, aquí las personas pueden llevar una vida modesta, pero lo central será que, más allá de su sencillez, esas personas se destacarán por sus virtudes, por la “actitud ética” con que viven, y serán así un modelo y fuente de inspiración para todo aquel que entre en contacto con ellas. Tal vez la mejor manera de caracterizar a estas personas sea por medio de alguna metáfora: como una flor en el pantano, como un oasis en el desierto. Hay personas que no han realizado ninguna gran hazaña moral, pero que sus vidas representan no obstante un ejemplo de virtud para sus prójimos.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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