Utilitarismo y hedonismo

Creo que sería incorrecto tachar a algunas de las versiones actuales del utilitarismo como de “hedonistas”. Tal vez el hedonismo era una defecto (si lo era) de las versiones “clásicas” del utilitarismo, como la de Jeremy Bentham. Para autores contemporáneos como Peter Singer o Richard Hare, no se trata simplemente de maximizar las experiencias individuales de placer o bien de minimizar las experiencias individuales de dolor, sino, más precisamente, de satisfacer las preferencias básicas de todo actor moral concebido como medianamente racional e informado.

De todos modos, sería difícil negar que aún en estos autores no exista, por momentos, la tendencia a asociar demasiado rápidamente “bien” con “experiencia de placer” (o, cuanto menos, “ausencia de dolor”).

Insisto: Me parece importante dejar en claro que esta no es una crítica al utilitarismo contemporáneo, sino simplemente una observación de carácter general. Si se me permite una caricatura, podría decirse que el utilitarismo es, al fin y al cabo, hijo de nuestra manera moderna de pensar, sentir y valorar. Para esta corriente de la modernidad, el ideal sería lograr un mundo en el cual todos y cada uno de los seres conscientes pudiera llegar a vivir sin dolor (en particular, dolor físico), sin privaciones, y fuera capaz, más aún, de vivir en un estado continuo de placer y bienestar.

Es así como llegamos, hoy en día, a valorar como moralmente reprochable el que un ser sufra, por poco que fuese, mientras que vemos como positivo y laudable el que tengamos cualquier tipo de experiencias placenteras y disfrutemos de bienestar. David Hume incluso consideraba perfectamente racional a un individuo que prefiriera el fin del mundo al dolor de clavarse una astilla. (“Tis not contrary to reason to prefer the destruction of the whole world to the scratching of my finger.”)

Preferimos una vida priva de sentido, pero libre de dolores y penurias y colmada de placeres, a una vida con sentido, pero no exenta de sacrificios y reveses. O mejor: la búsqueda del placer ininterrumpido y creciente se ha vuelto el sentido de nuestra existencia. Podemos tolerarlo todo, menos el dolor, la fatiga, la privación. El dolor y el sacrificio se han convertido en el tabú de nuestra época. Y no es que se trate de ser masoquista. Pienso que en sociedades distintas a la nuestra el dolor era algo que se daba por descontado. Se gozaba y se sufría, punto; ambos eran aspectos inherentes a la vida. El problema no era (para ponerlo de un modo algo rebuscado) el “dolor sin sentido”, sino el “dolor del sinsentido”.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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