Diario de la pandemia (21 de diciembre de 2021)

Hoy comienza oficialmente el invierno, aunque las bajas temperaturas y la nieve, ajenas a los calendarios, ya se hayan instalado, y desde hace unos cuantos días, en todo el territorio griego. Ahora vienen las semanas más críticas para esta cuarta ola de la pandemia, porque la gente pasa casi todo el tiempo en lugares cerrados y escasamente ventilados, y reunida con parientes, amigos y conocidos por las fiestas. Todo esto se da, para colmo, bajo la amenaza de una nueva variante, la ómicron, que si bien, por lo que pinta, no es más mortífera que la anterior, sí es más contagiosa.

Las cifras epidemiológicas de las últimas jornadas no son alentadoras, si bien tampoco han vuelto a superar los récords escalofriantes de las últimas semanas. Por ejemplo, ayer el número de contagios volvió a ubicarse por debajo de los 4000: un valor preocupante pero bien por debajo de la franja que iba de los seis a los ocho mil casos diarios que tuvimos –se acordarán– hasta hace no mucho.

El número de personas intubadas en terapia intensiva ha experimentado asimismo una disminución, si bien leve, situándose por debajo de la barrera de los 700 pacientes. Por último, las muertes diarias también han disminuido, fluctuando ahora entre las ochenta y las noventa y pico, según el día. (Con toda seguridad esta tarde, cuando las autoridades anuncien los casos del día, nos van a decir, entre otras cosas, que Grecia finalmente superó las 20.000 muertes por el coronavirus desde el inicio de la pandemia.)

La buena noticia es que desde el miércoles pasado funcionan los vacunatorios para los niños mayores de 5. Yo llevé a mis hijas a vacunarse el jueves a la hora de la siesta y debo reconocer que el “trámite” fue más rápido de lo que me imaginaba. Habíamos sacado turno en el hospital de niños (en el Παίδων, como le dicen aquí), que no está lejos de casa, y en total no habremos tardado más de una hora, incluyendo los quince minutos de espera tras la inoculación “por si por las dudas”.

Ya tenemos programada la segunda dosis, justo para después de Reyes, y de allí en más todo está por verse, aunque doy por descontado que habrá terceras dosis también para los niños.

Entrada al centro de vacunación para niños mayores de 5 en el Hospital Infantil de Atenas.

Como muchos de ustedes sabrán, los Países Bajos reintrodujeron el confinamiento, en principio solo por un par de semanas, hasta que las fiestas hayan quedado atrás. Acá en Grecia creo que no están dadas las condiciones para una medida del estilo. En primer lugar, porque el cuadro epidemiológico sigue estando, mal que mal, dentro de los parámetros de lo controlable. En segundo lugar, porque ni la economía ni la sociedad resistirían un nuevo cierre. El Gobierno ve que la economía se está recuperando y no quiere quitarle ese impulso; paralelamente, entiende que no va a haber forma de imponerles a los griegos un nuevo confinamiento (ya las restricciones impuestas a principios de año casi no se respetaron).

Por último, reintroducir un “lockdown”, aunque de un par de semanas, significaría darles el brazo a torcer a los no vacunados. De hecho, el Gobierno sigue aferrado a la tesis –correcta, a mi entender– según la cual esta cuarta y devastadora ola se debe a que hay un grupo, limitado pero importante, de la población que no ha querido vacunarse. De ser así, más que confinar a los vacunados, lo que hay que hacer es obligar a vacunarse a los rebeldes.

Al respecto, ayer leía estas cifras. El Gobierno estima que a la fecha hay aún 530.000 adultos mayores de 60 años no vacunados. De ese grupo, unos 150.000 ya han sacado un turno para vacunarse en los próximos días. Aún sería necesario que al menos otro tanto tomara la decisión de inocularse en las próximas semanas. El incentivo (incentivo negativo, sin duda, o amenaza) es el recordatorio de que a partir del 16 de enero el adulto que no esté vacunado deberá quedarse en su casa y pagar una multa de 100 euros al mes. Desde ya que las autoridades dan por descontado que va a haber un núcleo duro que de ninguna manera va a dejarse pinchar y que va a resistir a toda costa (que va a desafiar la prohibición de salir de casa, que no va a pagar la multa, etc.). La apuesta es que ese grupo de díscolos no supere las 250.000 personas (siempre estamos hablando de mayores de 60, los antivacunas más jóvenes son otro capítulo).

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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