De nuevo en cuarentena (18 de febrero)

Tras una semana de haberse decretado el confinamiento estricto en regiones como Ática, la medida parece surtir el efecto esperado. El número de infectados diarios no ha seguido subiendo, sino que, por el contrario, ahora oscila –según el día– entre los 1.500 y los 700. Son cifras nada despreciables, pero –al menos aparentemente– indican que la situación estaría bajo control.

Por otra parte, el número de muertes diarias también ha seguido girando en torno a la veintena. Si mal no recuerdo, ayer fueron 13 los fallecidos y anteayer, 21.

Tal vez la única cifra aún alarmante sea la de los intubados diarios. Cada día se agrega un puñado más de pacientes que necesitan la ventilación mecánica, con lo cual la curva de ocupación de las “camas críticas” muestra un ascenso, leve pero continuo.

Según lo que habían anunciado las autoridades, la cuarentena estricta va a seguir en vigor en Ática y en las restantes regiones que habían llegado al rojo al menos hasta fin de mes. Entonces se decidirá si volver o no a relajar ciertas medidas (la reapertura de los negocios minoristas, la vuelta a las clases presenciales de los chicos, etc.).

Mientras tanto, a partir del fin de semana pasado llegó a Grecia la ola de frío que venía azotando al resto de Europa. “Medea” (así bautizaron el fenómeno meteorológico) trajo nieve en cantidades copiosas, incluso en lugares en que se decía “acá ya no nieva más”. El centro de Atenas es un buen ejemplo: en los 11 años que llevo viviendo ahí nunca había caído tanta nieve. El martes amaneció toda la ciudad cubierta con un grueso manto blanco que, literalmente, paralizó la actividad laboral.

Cómo va a influir este mal tiempo en la evolución de la pandemia en Grecia y el resto de Europa es algo por verse. Tiendo a creer que en los próximos días va a volver a subir la temperatura y, al menos aquí en Atenas y los alrededores, vamos a poder volver a abrir las ventanas. El clima benigno es una de las cosas más envidiables que tiene la capital griega.

“No hay mal que por bien no venga”, me digo para mis adentros, porque la parálisis que fue consecuencia de la tormenta de nieve trajo aparejado que muchos ancianos no pudieron salir de sus casas para ir a ponerse la vacuna. Y por lo tanto, inesperadamente, me convocaron para vacunarme. (Estaba en una lista de candidatos suplentes, justamente para cubrir la eventual ausencia de alguno de los mayores.)

Así que el martes recibí la primera dosis de la vacuna de la Pfizer, la que se está administrando en el hospital en el que me había anotado como disponible.

La cosa, en sí, va bastante rápido. Hay que llenar un formulario con los datos personales (sobre todo para volver a ser contactado de acá a tres semanas, esto es, para la segunda dosis) y otro con preguntas sobre el estado de salud (si se es alérgico a algo, si se está siguiendo una terapia farmacológica, etc.). Luego, hay que esperar simplemente el turno. En mi caso, el pinchazo se retrasó una media hora porque se habían acabado las dosis ya preparadas y había que “descongelar” un nuevo frasquito para sacar de allí las seis nuevas vacunas.

Una vez dentro del consultorio, la médica responsable me volvió a preguntar si era alérgico a algo, si estaba tomando algún medicamento, etc., y, tras mis noes, la enfermera me puso la vacuna.

La única recomendación que hacen es permanecer luego en la sala de espera por unos quince minutos, en caso de que surja algún shock; mientras tanto, aconsejan hacer algunos movimientos con el brazo vacunado. Pasado ese cuarto de hora, uno ya puede irse a casa.

Simplemente para cerrar mi caso: el único efecto secundario que puedo mencionar es una molestia en torno a la zona del pinchazo, que me apareció horas después y que duró un día entero. Nada del otro mundo, como cuando uno en un descuido se golpea el hombro con una puerta y después tiene esa sensación molesta por unas horas.

A propósito de las vacunas: desde este lunes también se está inyectando en Grecia la otra vacuna, la de la AstraZeneca. El objetivo es que ahora empiece la vacunación masiva, bajando gradualmente la edad de los convocados (ahora ya se está inoculando a la franja de la población de los mayores de 75 años). Para este fin, se remodeló un inmenso predio ferial, conocido aquí como “Helexpo”, en realidad, un complejo con modernas salas de exposiciones, situado en uno de los barrios de Atenas.

Imagen de la tormenta de nieve a la salida del centro de vacunación.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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