De nuevo en cuarentena (11 de febrero)

Es curioso esto de ir dando noticias una vez por semana sobre la situación en un país determinado, Grecia en este caso, porque en un par de días “la tortilla se da vuelta”. No termino de pintarles el escenario, que ya me han cambiado el acto. De hecho, ahora sí que estamos otra-vez-en-cuarentena, subrayado palabra por palabra.

¿Qué ocurrió los días pasados? Ocurrió que esa tendencia al alza de los contagios y de los ingresos en los hospitales continuó subiendo, hasta hacer sonar todas las campanillas de emergencia. Concretamente: se consolidó la tendencia de tener más de mil contagios confirmados al día, contagios que, en muchos casos, presentan síntomas que tienen que ser tratados en un hospital; no es que necesariamente haya que internarlos con ventilación mecánica en terapia intensiva, pero esta “lluvia” permanente de pacientes después de una o dos semanas pone en aprieto la “estructura sanitaria”, como se dice.

En vista de los hechos, el gobierno decidió apretar el freno y volver al “lockdown estricto”, lo que implica el cierre de las escuelas (incluso de la primaria), el cierre de los negocios que venden al por menor (con excepción de los supermercados, las farmacias y demás) y el “toque de queda sanitario” los fines de semana a partir de las seis de la tarde (durante la semana rige la prohibición, como lo venía haciendo, a partir de las nueve de la noche y se extiende hasta las cinco de la mañana del día siguiente).

Así que de nuevo en casa. Los chicos retomarán hoy mismo sus clases por Webex y los adultos que no estén ya de licencia con el goce del sueldo mínimo que les asegura el Estado deberán volver al teletrabajo.

No quiero que se lleven la impresión de que las cosas se les fueron de las manos a los griegos. Más allá del abarrotamiento que puedan estar experimentando algunos hospitales, como el famoso hospital Σωτηρίας, el especializado en enfermedades respiratorias, el resto de las cosas sigue su ritmo “normal” o “de nueva normalidad”.

Ayer a la tarde, por ejemplo, necesitaba ir a comprar un poco de elástico para unos pantalones y me llegué a una mercería que está justo al final del barrio, pasando una de las avenidas más importantes que desembocan en Atenas. ¡Qué tráfico que había! ¿Será que todos estaban desesperados por hacer sus últimos mandados ante la inminencia del nuevo confinamiento estricto?

La mercería, como todo este tipo de negocios, tenía la puerta cerrada. Golpeé y me abrió la dueña, me preguntó a la distancia de dos metros qué quería, cerró la puerta, midió el elástico, lo cortó, lo envolvió en un pedazo de papel y me lo trajo. Mientras tanto, yo ya había preparado las monedas. Pagué y me volví.

No podría decir que en los rostros de la gente hay pánico o angustia por el virus. En todo caso, lo que sale a la vista es el cansancio, el hastío y, eso sí, la preocupación económica. Al inicio de la pandemia, hace casi un año atrás, se decía que, en el peor de los casos, esto iba a ser cosa de unos tres meses, seis como máximo, y que luego la curva que dibujan los economistas iba a tomar la forma de una V. Después nos fuimos haciendo de la idea que la cosa iba para largo, que había que tener paciencia todo el 2020, que la curva en todo caso sería una W. En diciembre, cuando el anuncio de las primeras vacunas era inminente, todos empezamos a ver la lucecita al final del túnel. ¿Se trató de una ilusión óptica, de un espejismo, de una forma de autoengaño? No sé, pero está claro que la pandemia nos va a acompañar a lo largo de este 2021 y no podemos descartar que ese también sea el caso de 2022.

Como sea: acá la esperanza es que a partir de mayo la pandemia nos vuelva a dar una pausa, un respiro, tal como lo hizo el año pasado, hasta setiembre, y que cuando sea el momento de la llegada de la tercera ola, un número muy significativo de la población vacunada se encuentre ya vacunada. No es un escenario impensable, pero tampoco es sencillo. La vacunación no está yendo todo lo rápido que debería para que pueda cumplirse ese objetivo.

Por otro lado, no sabemos cuánto dura la inmunidad adquirida gracias a la vacuna de la Pfizer-BioNTech, la que se usa acá. Si por ejemplo dura ocho meses –un supuesto para nada aventurado– eso quiere decir que para setiembre/octubre, aparte de seguir vacunando a la población aún no vacunada, vamos a tener que volver a inocular a los que ya habían entrado en los primeros llamados, los de enero/febrero. ¿Vamos a dar abasto?

Mientras tanto, la famosa variante británica se difunde rápidamente por el suelo heleno. Tal vez esa sea en parte la razón de este nuevo rebrote, aparte del descuido o el relajamiento de la gente. El tiempo sigue ayudando, con temperaturas más primaverales que invernales, pero con eso no alcanza.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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2 respuestas a De nuevo en cuarentena (11 de febrero)

  1. José Manuel dijo:

    Lo mismo en, prácticamente, todos los lugares… qué tristeza y qué agotamiento. Saludos

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