De nuevo en cuarentena (5 de febrero)

Esta semana ocurrió lo que temíamos: subió abruptamente el número de contagios. De venir teniendo unas 500 infecciones diarias, saltamos al doble. Como era de esperarse, eso encendió las luces amarillas en el sistema sanitario. El problema, en sí mismo, no es el que estemos en unos mil contagios diarios, sino que ese puede ser el primer indicio de una nueva espiral ascendente de infecciones. Además, el aumento de contagios trae aparejado, con un retardo de días o semanas, un incremento en el número de las hospitalizaciones y de las muertes.

Sin embargo, no quiero pintarles una situación catastrófica. Lejos estamos de estar viviendo lo que le sucede a Portugal en este mismo momento que escribo. Acá el número de las famosas “camas críticas” en los hospitales sigue bajo y desde hace ya unas semanas las muertes diarias no superan las dos decenas.

La subida de los contagios coincidió con la reapertura de los colegios secundarios o, mejor dicho, de los gimnasios. (Una aclaración: aquí los llamados gimnasios, τα γυμνάσια, en realidad cubren los primeros años de la educación secundaria; para completar el ciclo, los chicos cursan los dos últimos años en lo que llaman el liceo, το λύκειο).

Así que desde el lunes nos encontramos con esa imagen algo contradictoria por las calles: los negocios nuevamente cerraron las puertas al público (están abiertos solo para que uno compre por teléfono o en línea y para retirar luego el producto), mientras que los gimnasios secundarios volvieron a funcionar (lo que también implica más tráfico por los transportes escolares, los padres que llevan y buscan a los chicos, etc.).

Cómo va a evolucionar la cosa en los próximos días es algo que nadie sabe a ciencia cierta. Por ejemplo, yo no pensaba que después de las fiestas de fin de año iban a reabrir las escuelas; estaba mentalizado con que teníamos que esperar pacientemente hasta después de Pascua. Pero lo que está viviendo Portugal en estas horas es un recuerdo de que las aguas, por más quietas que parezcan, pueden desbordarse en cualquier momento.

¿Será que los portugueses se confiaron demasiado en lo bien que venían sus números y por eso se relajaron en exceso? ¿Será que permitieron muy fácilmente la entrada de turistas que portaban el virus en la variante británica, aquella con la mutación Nelly, como la han bautizado, que es más contagiosa?

Mientras tanto, la buena noticia en Grecia es que reina el buen tiempo. Casi todos los días sale el sol y la temperatura viene en continuo aumento, como si la primavera estuviera ansiosa por llegar. Y eso es una buena noticia porque nos permite tener las ventanas abiertas, salir a los balcones y ventilar los espacios cerrados. Y, por lo que veo, esa parece ser la mejor medida sanitaria para prevenir los contagios. Nos pasamos meses lavando con jabón y desinfectando con alcohol las superficies, contratando a más personal de limpieza, protegiendo con plástico los alimentos… y ahora los científicos han confirmado que solo una minúscula parte de los contagios de coronavirus se da por el contacto con las superficies. Aquí les copio el enlace al artículo de la revista Nature, con datos más precisos de los que yo puedo dar.

El punto es que la trasmisión del virus se da, en la grandísima mayoría de los casos, por las pequeñas gotitas de saliva y los aerosoles que viajan de persona a persona, sobre todo en espacios mal ventilados. “Donde entra el sol…”, ya saben.

En lo que respecta a la campaña de vacunación, no tengo muchas más novedades que las que aparecen en los medios, detallando el tira y afloja entre la Unión Europea y las compañías farmacéuticas. Aquí se sigue vacunando al contingente de mayores de 80 años y al personal sanitario que aún no se ha inoculado. La cosa va lenta.

Por lo que escucho de conversaciones con algunos médicos, los hospitales públicos han debido reorganizarse bastante abruptamente para poder ofrecer el servicio de vacunación. Parte de la infraestructura y del personal están ahora destinados a la vacunación, con lo cual se ha resentido la capacidad de atender a los pacientes aquejados por todas las otras enfermedades. Porque lo cierto es que ni se ha contratado personal médico suplementario para la vacunación, ni se han alquilado sedes extrahospitalarias para ese fin. Ya se sabe, cuando la manta es corta, o nos cubrimos los pies o la cabeza…

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher, book author and professor based in Athens, Greece.
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