De nuevo en cuarentena (segunda entrega)

Aprovecho para contar unas cosas más acerca de esta “nueva normalidad”, este vivir en tiempos de COVID, acá en Grecia.

Tal vez me equivoque, pero tengo la sensación de que desde ayer empezamos una nueva fase, y no solo en Grecia, sino a nivel mundial, el famoso “comienzo del final”. Y digo ayer, porque justamente el 2 de diciembre fue el día en que el Reino Unido aprobó el uso de la vacuna de la Pfizer & BioNTech. Si todo va como lo han planificado las autoridades británicas, en unos días más va a empezar la campaña de vacunación en el territorio… y es posible que los restantes países emulen a la nación pionera.

Un conocido mío griego me decía: “Yo no me voy a vacunar hasta que no lo hayan hecho otros, no vaya a ser que…”. Me imagino que estará siguiendo muy de cerca las noticias que vienen del noroeste.

Pero hay que ser cautos, ya lo sé. Veamos cómo va evolucionando todo. Además, hay que tener presente que incluso en el caso de que la vacunación sea todo un éxito, hasta que la vacuna llegue a Grecia, empiece a aplicarse masivamente y surta los efectos deseados a nivel social, van a pasar varios meses. Mientras tanto, vamos a seguir lavándonos maniáticamente las manos, usando indefectiblemente la mascarilla cada vez que salimos de casa y manteniendo una distancia que antes no respetaban ni los más discretos. Y seguirá el testeo masivo, y las medidas de mayor o menor confinamiento, según lo que digan las cifras.

A propósito de confinamiento, ¿cuánto más van a resistir los negocios de barrio que respetan el decreto y han cerrado sus puertas? Algunos comerciantes de la vuelta, desesperados o avivados, han cerrado sus negocios “solo a medias” o los han empezado a abrir, también “a medias”. Por ejemplo, el videoclub del barrio funciona así. El encargado se sienta unas horas por día en el mostrador con la computadora encendida y todo el resto del local en la penumbra. Si uno necesita sacar una peli, lo llama por teléfono, se la encarga y luego va hasta el negocio circunspectamente, le golpea la puerta de vidrio y al rato aparece con el pedido. Obviamente, la factura no existe ni tampoco está la posibilidad de pagar con tarjeta: para las autoridades, el negocio está cerrado. Así que lo mejor es llevar contante y, se agradece, monedas para el cambio.

Una de las ferreterías del barrio también está funcionando de esta manera. Uno hace el pedido por teléfono y combina el momento para pasar a retirar los repuestos. Claro que como estos comerciantes tienen miedo de que la policía les esté haciendo caer en una trampa (y las multas para los infractores de la cuarentena son saladas), no responden a la primera llamada, ni a números que les parecen sospechosos.

Claro que el gobierno podría haber regulado la cuarentena mejor porque, al fin y al cabo, ¿cuál es el riesgo epidemiológico que surgiría por comprar por teléfono de la ferretería de la vuelta o por reservar por mail una peli en el videoclub? Esto lo digo porque los supermercados no solamente siguen funcionando “normalmente”, sino que incluso la gente, con tal de organizar una salida, va a estos comercios como nunca.

Otro tema, más delicado, es que este modo de regular el comercio en la cuarentena les ha permitido a las grandes cadenas de librerías, electrodomésticos y demás seguir vendiendo como antes, si no más, ya que ellos cuentan con una plataforma de comercio electrónico muy desarrollada, además de un aceitado sistema de envío del producto a domicilio, el famoso delivery.

Los otros días, por ejemplo, necesitaba un librito y un nuevo cartucho de tinta para la impresora y no me quedó más remedio que ordenar ambas cosas online en una de esas cadenas multinacionales. A los tres días apareció un repartidor en casa con una caja gigante (se ve que no tenían algo más pequeño) con el pedido en el fondo del paquete. Esa transacción no hubiese sido posible con la librería del barrio, que ni siquiera cuenta con una página web (solo con una entrada en Facebook), y ni hablemos de stock y de otras cosas. Me pregunto si esta pandemia va a ser la ocasión para que las pymes se terminen de modernizar, digitalizando sus servicios, aliándose con algún servidor que haga entregas a domicilio, etc. Por lo pronto, sabemos que Google, Amazon, Facebook y Apple han tenido pingües ganancias en estos meses.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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