«Pro choice», sí; «pro eutanasia», depende

Los otros días alguien (acababa de decirle sin más detalles que estaba escribiendo un libro sobre la eutanasia) me preguntó: «Pero ¿usted está a favor o en contra de la eutanasia?» Hablamos un rato del tema, le expuse mi posición y luego nos despedimos. Lo positivo del encuentro fue que me ha hecho ver claramente que la pregunta «¿Usted está a favor o en contra de la eutanasia?» está mal formulada. Me explico.

Si alguien me preguntara: «¿Usted está a favor o en contra del divorcio?», mi reacción sería decir inmediatamente: «¿Del divorcio de quién? Porque así, en abstracto, el interrogante no me dice nada. Aquí es necesario especificar. En algunos casos, el divorcio puede ser el paso adecuado a dar, cuando una pareja ya no puede seguir junta, pero no en otros. Una pareja puede estar pasando por un momento crítico, pero tal vez requiere esa experiencia para afianzarse como familia. ‘Divorcio, sí’, ‘divorcio, no’ no son recetas que puedan darse a priori, antes de conocer y analizar cada caso en particular.»

Y lo mismo sucede con la eutanasia. Si un paciente solicita ayuda médica para terminar con su vida, mi respuesta no va a ser «sí» o «no» antes de conocer el caso. ¿Se trata de un paciente terminal o no? ¿qué lo motiva a pedir ayuda a la muerte voluntaria? ¿Hay alternativas viables para tratar su sufrimiento físico y moral? Su petición, ¿es producto de una decisión informada, libre y responsable?

Por eso insisto en que la pregunta central de mi libro no es si existen argumentos a favor o en contra de la eutanasia (eso se deberá evaluar en cada caso singular), sino determinar cuáles son las razones a favor o en contra de la legalización de la eutanasia. Hay una diferencia muy importante entre estar a favor de la eutanasia y estar a favor de la legalización de la eutanasia.

En mi opinión, el punto central está en establecer un nuevo marco legal que permita el recurso a la eutanasia voluntaria para quien así lo necesite y lo desee. Ojalá todas las parejas fueran felices y no necesitaran del divorcio, pero lo cierto es que no podemos cerrar los ojos a la realidad: en algunos casos el divorcio es un recurso indispensable y está bien que esté legalizado (en Argentina, por ejemplo, hace solo treinta años que el divorcio está permitido). Ojalá todos los enfermos terminaran sus vidas de manera natural, rápida e indolora, pero acá tampoco podemos mirar para un costado. Es necesario legalizar la práctica de la eutanasia voluntaria.

Si tuviera que definir mi posición en dos palabras, no diría que soy «pro eutanasia», sino, como en inglés, «pro choice», que estoy a favor de que cada uno puede elegir libremente lo que le conviene en lo que concierne a cómo terminar sus días.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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