“Como musulmán, repudio y me avergüenzo del yihadismo”

Era previsible que, después de los atentados sanguinarios del pasado viernes 13 de noviembre en París, reaparecieran en los medios las declaraciones de los grupos derechistas: “En esta ciudad ya hay demasiados musulmanes”, “Europa se está ‘islamizando’ a pasos agigantados”, etc. Se trata del consabido rollo de opiniones infundadas, de argumentos falaces y de retórica populista. Hasta un niño puede entender que una cosa es una religión y otra cosa muy distinta son los movimientos radicalizados en el interior de esa religión. Para decirlo con total claridad: una cosa es el islamismo y otra cosa es el yihadismo. En ningún otro contexto se aplica mejor eso de que “el que no tenga culpas, que arroje la primera piedra”. ¿Qué religión no alberga o ha albergado en su historia grupos extremistas? Ninguna, ni siquiera el budismo.

Lo que me causa una sensación indefinible, mezcla de tristeza y de rabia, es no escuchar un mensaje de las autoridades islámicas, en Europa y en todo el mundo, un mensaje pronunciado una y otra vez, con claridad y coraje, que diga: “Condenamos los actos terroristas cometidos en nombre de nuestra fe. Nosotros, musulmanes, nos sentimos consternados por lo que ocurrió el viernes y repudiamos el hecho de que se instrumentalice nuestra religión. El islamismo, como el cristianismo, como el hinduismo, es una religión de amor y de paz. Matar a otro hombre en nombre de nuestra fe es echar por tierra los valores más sagrados de nuestra comunidad.”

No digo que no haya habido condenas de lo ocurrido por parte de algunas autoridades musulmanas europeas, pero, ¡atención!, su voz no se oye. ¡Hablen más fuerte, que no los escucho! Díganle con claridad y valentía a todo el mundo que quienes perpetran actos como los del viernes son criminales aborrecibles y que todo atentado terrorista en nombre de Alá es una profanación y un sacrilegio; díganle que se sienten dolidos y avergonzados porque suceden esas cosas. Ese es un mensaje importante, importantísimo. Háganle ver a todos que el islamismo es una religión de tolerancia, una religión para la cual toda vida humana es sagrada, sin importar la confesión.

Repito el punto con el que comencé: toda religión es o ha sido capaz de engendrar grupos de fanáticos y de depravados. Que nadie venga con esa opinión falaz de que “bueno, al fin y al cabo, el islamismo está viviendo su Edad Media; como nosotros, cristianos, eramos fanáticos en el medioevo, así lo son ahora los musulmanes… habrá que esperar un par de siglos…”. Dicen que la escritora italiana Oriana Fallaci dijo esa idiotez; no me interesa si fue ella o no. Lo sorprendente es que semejante disparate se difunda como un virus por entre las cabezas de tanta gente.

Sinceramente, creo que toda religión es el espejo de la sociedad en que se vive. La pobreza, la miseria, la exclusión, la falta de perspectivas en los jóvenes, ese es el caldo de cultivo del terrorismo, del fanatismo y de tantos otros fenómenos lamentables. Si condenamos a millones de personas a vivir como se vivía en la Edad Media, es muy probable que terminen dándole a su religión un carácter medieval.

El nuevo papa, Jorge Mario Bergoglio, se ha ganado la simpatía de muchos no creyentes porque está demostrando tener el coraje tanto de hablar sobre cosas que la Iglesia callaba como de actuar en conformidad con lo que dice. Por ejemplo, es elogiable que el papa reconozca los innumerables casos de pedofilia cometida por sacerdotes y obispos, y que cada vez que salta a la luz un nuevo caso, saque del cargo al culpable y lo deje en manos de la justicia.

Que haya siete millones de musulmanes viviendo en Francia, esa no es la causa de que tal país sea reiteradamente víctima de ataques fundamentalistas. El problemas es bien otro, y no viene al caso analizarlo ahora. Francia es una sociedad con una fuerte tradición de democracia y tolerancia. Que allí aún quede mucho por hacer, que aún haya mucho camino por andar, eso es indudable: nunca se termina de aprender a ser democrático y tolerante. Pero también está fuera de duda que mucho contribuirían en este proceso de madurez política e institucional si las comunidades musulmanas en Francia rechazaran clara e infatigablemente toda manifestación de extremismo. No habría mejor argumento contra la agitación de la derecha francesa que el poder señalar la voluntad de esos millones de fieles y de sus autoridades de convivir en paz en el país que los ha albergado. ¡Cómo me gustaría ver a millares de jóvenes musulmanes llevar una camiseta con el estampado: “Como musulmán, me avergüenzo del yihadismo”!

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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Una respuesta a “Como musulmán, repudio y me avergüenzo del yihadismo”

  1. Madelyn dijo:

    Muy bueno, Marcos. Me gustaría que lo compartieras además en redes sociales. Tus argumentos son muy válidos y merecen ser difundidos. Si le temo al yihadismo, tanto más le temo al facismo. Desgraciadamente, hay mucho fanático en este mundo.

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