La muerte: nada y trascendencia

Es un desafío enorme pensar la vida humana a partir de la certeza de que, con la muerte, todo se termina. Es un desafío igualmente grande el tratar de justificar un sistema moral de normas, principios y valores desde esa misma perspectiva. No digo que sea una tarea imposible de realizar, pero tampoco se puede negar su dificultad. El tema está en que la muerte, de un solo zarpazo, todo lo anula, brutal y ciegamente. Puedo llevar una “buena vida” desde el punto de vista ético, virtuosa y feliz, o puedo llevar una vida desdichada, fruto de la mala fortuna, de mi ineptitud y de mis manías, pero la muerte, desde el mismo momento en que hace su entrada, lo borra y lo iguala todo.
De niño, me costaba entender cómo el cero, cuando estaba de multiplicador, anulaba cualquier cantidad. Podía tener un número modesto o uno impresionantemente largo; bastaba que lo multiplicara por cero para obtener el mismo resultado: cero.
La vida puede ser buena o mala en términos éticos, dichosa o infeliz, plena de logros o modestísima, pero hablar así es algo que tiene sentido sólo desde el punto de vista de la vida misma, desde la perspectiva de los vivientes, esto es, mientras yo mismo siga viviendo o mientras haya gente viviendo. Tal vez alguien prefiera hablar en términos de “absoluto” y “relativo” y entonces decir que la vida humana tiene valor y trascendencia relativamente, y no de modo absoluto. Proponerse llevar una vida éticamente buena y siendo consecuente con ello hasta el último momento, es algo que uno decide porque entiende que es lo mejor que uno puede querer para sí mismo y para los otros. Toda esa paciente labor de una vida virtuosa quedaría reducida a cero si no fuese porque mi vida se trasciende en los otros y en la sociedad en su conjunto.
El mayor legado que uno le puede dejar a la humanidad no es un logro intelectual, ni político, ni militar, ni literario, si no una vida vivida éticamente. Estamos acostumbrados, por nuestra miopía, a erigir monumentos a nuestros próceres, políticos, inventores, descubridores, empresarios y artistas. Pero el desarrollo moral de la humanidad debería ser nuestra prioridad. Toda acción, moral o inmoral, por nimia que sea, tiene una influencia silenciosa pero efectiva sobre los otros y sobre nuestro propio futuro.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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