Alternativas ecológicas y éticas a la cría actual de animales

Que la cría contemporánea de animales sea una práctica reñida con los principios de (a) la sustentabilidad ambiental, (b) la salud pública y (c) la ética animal, no es ninguna novedad. Desde hace décadas está claro que esta actividad económica contribuye enormemente al calentamiento global de la atmósfera, a la deforestación y al uso excesivo de recursos escasos como el agua. También está probado que la producción de carnes, leche y huevos en la escala que actualmente se da es solo posible mediante el uso masivo de antibióticos, lo que constituye una de las principales amenazas para la salud pública debido a que los patógenos se vuelven cada vez más resistentes. Y ni hablar aquí de los efectos nocivos para la salud del consumo excesivo de productos de origen animal, causa de muchas enfermedades cardiovasculares, metabólicas y oncológicas, entre otras. Por último, es indiscutible que las técnicas usadas en la ganadería, la avicultura y la piscicultura contemporáneas no solamente son causas de dolores físicos y sufrimientos psicológicos aberrantes para los animales, sino que esos métodos los degradan a meras “máquinas biológicas” destinadas a la producción de materias primas para los seres humanos.

En otras palabras, existen sobradas razones ecológicas, sanitarias y éticas para oponerse a la cría actual de animales. Un mundo sin ganadería, sin avicultura y sin piscicultura sería un mundo más sustentable, más sano y más virtuoso.

Con todo, a muchas personas les resulta impensable volverse vegetarianas o directamente veganas. Piensan que si un niño no toma una taza de leche a la mañana no puede crecer, sienten que un almuerzo sin un pedazo de carne no es una comida completa y sostienen que una torta sin huevo no tiene gusto a nada.

La filósofa estadounidense Evelyn B. Pluhar, en un artículo de 2009, “Meat and morality: Alternatives to factory farming”, se toma muy en serio estas consideraciones. ¿Cómo se puede dejar contento al consumidor actual, voraz y omnívoro, sin seguir destruyendo al planeta, propiciando la llegada de la próxima pandemia y, sobre todo, sin continuar tratando a los animales de un modo inhumano? Para ella, existen dos posibilidades.

Primero, el abandono de las prácticas ganaderas, avícolas y piscícolas actuales debe ir de la mano de la creación de innumerables granjas familiares o comunitarias, sobre todo para asegurar la producción “artesanal” de huevos y leche. Segundo, debe incentivarse la producción de carne cultivada –o carne de laboratorio– en modernos y eficientes establecimientos industriales. Si bien esta nueva técnica no podrá satisfacer las demandas de los paladares más exigentes, sí podrá suministrar en un futuro no muy lejano cantidades suficientes y económicamente accesibles de productos muy similares a lo que hoy llamamos carne molida o pechugas de pollo, por ejemplo.

Una aclaración: las granjas familiares y comunitarias por las que aboga Pluhar no deberían dedicarse a la producción de carne –solo a la de leche y de huevos–, porque, según la autora, no hay forma de matar a un animal para el consumo que no sea denigrante para la víctima y embrutecedora para el victimario.

Otra aclaración: si bien Pluhar no lo dice en su artículo, está claro que estas alternativas ecológicas y éticas a la actual cría de animales, centradas en pequeñas granjas y en grandes laboratorios, no lograrán satisfacer el enorme apetito de productos de origen animal de la población mundial actual. Por consiguiente, no solamente se deberán consumir productos de un origen distinto al que es predominante en nuestros días, sino que se deberá consumir menos cantidad. Simultáneamente, los productos de origen vegetal tendrán que cubrir las necesidades alimentarias y satisfacer los caprichos gastronómicos de la población actual, algo que, por lo que puede observarse en los quince años que transcurrieron desde la publicación del artículo de la autora, la industria es capaz de llevar a cabo (en cualquier supermercado actual hay una amplia gama de productos veganos que reemplazan a los convencionales).

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About Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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