De nuevo en cuarentena (22 de abril)

¿Llegamos finalmente al famoso pico? De ser así, más que de un pico agudo esta parte de la curva epidemiológica tiene la forma de una larga meseta, una suerte de altiplano o puna. Porque, en el fondo, las cosas no mejoraron sustancialmente en la semana que pasó: el número de contagios diarios oscila entre los 3.500 y los 4.500, la cifra de muertos ronda los noventa y los hospitales siguen llenos, con el nivel máximo de ocupación de las camas críticas en las regiones más afectadas, como Ática.

Mientras tanto, las medidas para contrarrestar la pandemia no se están implementando con la celeridad que sería deseable. Por un lado, la campaña de vacunación avanza (de hecho, el próximo segmento al que se convocará será al de los adultos de entre 55 y 65 años), pero con tan solo 2.500.000 –muchos de ellos con apenas la primera dosis– el objetivo de lograr la inmunidad de rebaño antes de las vacaciones de verano (julio-agosto) se presenta como un enorme desafío.

Por otro lado, el acopio y la posterior distribución en las farmacias de todo el territorio nacional de los “self tests” se han vuelto tareas hercúleas. Aún no se dispone de los millones de kits que serían necesarios semana tras semana.

De todos modos, los “self tests” empiezan a ser pasito a paso parte de la cotidianidad. Los chicos de los últimos cursos del secundario (del liceo o λύκειο) deben hacerse el test antes de entrar a la escuela los lunes y los jueves. (Para asegurarse de que efectivamente lo hagan, tienen que registrar el resultado obtenido en la plataforma oficial de esta página: https://self-testing.gov.gr/. Solo tras haber registrado los datos pueden descargar el certificado que luego deberán mostrar a la entrada de la institución educativa.)

Lo mismo vale para la gran mayoría de empleados públicos y privados que deben ir a sus lugares de trabajo: una vez por semana deben controlarse en sus casas y declarar el resultado del test en la misma plataforma antes de ir a trabajar.

Creo que desde cierto punto de vista la idea detrás de la campaña de “self testing” no es errónea. Si, como se nos dice, la clave está en saber a tiempo quiénes están infectados para aislarlos por unas dos semanas con el objetivo final romper así la cadena de contagios, entonces está bien “pasarle la pelota” al ciudadano para que este colabore. Un estado como el griego no podría, por sí solo, peinar todo el territorio una o dos veces por semana para individualizar a los contagiados: la ayuda de la ciudadanía se vuelve indispensable.

Sin embargo, tengo la sospecha de que le estamos errando al tiro. Desde hace unos días vemos que países como Israel e Inglaterra han vuelto a la vida normal (o casi normal) gracias a que han logrado vacunar a toda la población, al menos con una dosis. No hay vuelta de hoja para mí: el secreto está en concentrar todos los recursos de modo que podamos avanzar a pasos agigantados con la vacunación. Por esto digo que los “self tests” que está implementando el gobierno son, en realidad, un parche para cubrir lisa y llanamente la falta de vacunas.

Mal que me pese, debo reconocer que los países que están dejando atrás la pandemia son países gobernados por políticos que me repugnan. Benjamín Netanyahu no cuenta ya ni siquiera con los votos necesarios para formar un gobierno estable, al tiempo que está siendo procesado por corrupción. Y sería larga la lista de decisiones nefastas que ha tomado en los últimos años. Por otra parte, Boris Johnson también me parece un político de cuarta, muy por debajo de lo que se merecería Gran Bretaña. Y, sin embargo, Netanyahu y Johnson lo han logrado. Inglaterra tuvo los otros días solo cuatro muertos por el covid. ¿Qué les pasa a nuestras democracias?, me pregunto con amargura. ¿Acaso la decencia y la eficiencia no pueden ir de la mano?

¡Ojalá que los Estados Unidos del demócrata Biden sean el próximo país de magnitud que logre vacunar a toda su población! Así al menos podría anunciar a los cuatro vientos que se puede ser decente y eficiente a la vez… (Aunque me temo que un republicano bien me podría señalar que Biden está llevando esta campaña de vacunación con tanto éxito –tres millones de pinchazos por día– gracias a que Donald Trump le preparó el terreno, dándole primero enormes incentivos a las empresas farmacéuticas para que desarrollaran la vacuna y haciendo luego contratos de antemano con ellas para asegurarse las dosis necesarias.)

Con el aumento de la temperatura los tortugones han salido de la hibernación. (A esta foto la saqué ayer en el parque Alsos Ilision, a unas cuadras de casa.)

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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