La escritura de la filosofía como notas de un viaje

Hay quienes creen que “la historia de la filosofía” es algo así como una entidad que existe allí fuera, a manera de una estatua de mármol expuesta en un museo. Creen, en consecuencia, que un libro sobre la historia de la filosofía les permitirá ver esa cosa única, estática. Esta idea es incorrecta: la historia de la filosofía, ni es una “cosa”, algo objetivo, ni mucho menos una cosa única, terminada.

Permítanme la siguiente comparación. La historia de la filosofía es como el plato típico de un país. Si alguien viene a Grecia, puede querer probar el “musakás”, una de las comidas típicas. Ahora bien, no existe EL musakás, así, con el artículo escrito en mayúscula. Sólo al turista desprevenido le venden “el musakás” en alguna de las tabernas de Plaka. Los que vivimos en Grecia sabemos que hay tantos musakás como buenos chefs hay. Cada cocinero propone su versión del musakás.

En este sentido digo que la historia de la filosofía no existe, como no existe “el” musakás. Existen muchas versiones de la historia de la filosofía, algunas mejores, otras peores. Pero todas son, precisamente, eso: versiones. Pretender encontrar en un libro o en un autor LA historia de la filosofía, es como pretender dar con EL musakás de la mano de un determinado chef.

Sin duda, hay elementos básicos, ingredientes que no pueden faltar, tanto en la preparación del musakás como en la exposición de la historia de la filosofía. Un musakás sin berenjenas no es, en realidad, musakás, como una historia de la filosofía que no discuta a los presocráticos o a los empiristas ingleses no es una historia de la filosofía.

Repito, la historia de la filosofía no es una entidad que existe allí fuera, por más que creamos que “lo escrito escrito está”. El hecho de que el soporte de la historia de la filosofía sean los libros de la biblioteca, no significa, ni que haya una versión de la historia de la filosofía, ni que esta sea algo “objetivo”.

Lo mismo puede decirse de la música. Las sinfonías de Beethoven, por ejemplo, no existen allí fuera. Lo que tenemos de manera “fija” o “inamovible” son las partituras. Pero hay una diferencia sustancial entre leer las partituras y escuchar las sinfonías. Ahora bien, cada director de orquesta recrea las sinfonías, propone una versión de esa música. No existe LA versión de las sinfonías de Beethoven, a menos que así uno exprese ese parecer como una cuestión de gusto: “para mí, la mejor interpretación de la Séptima de Beethoven es la de Carlos Kleiber”.

Por último, quisiera llevar esta idea a sus últimas consecuencias. Dije que no existe el musakás, sino que existen versiones del musakás, tantas como chefs. Dije también que no existe la Séptima de Beethoven, sino distintas versiones de esa sinfonía, tantas como directores de orquesta. Ahora propongo que, en realidad, cada uno de los musakas es único, como cada una de las interpretaciones de la Séptima es única. Por ejemplo, una versión de la Séptima por el Kleiber de los años 1980 no es exactamente lo mismo que una por el mismo director de los años 1990. Así, cada libro de la historia de la filosofía propone una aproximación única e irrepetible. La versión de la historia de la filosofía que ofrece el joven Gadamer, por caso, no es ya la misma que ofrece el Gadamer maduro. Es imposible volver a escribir el mismo libro.

Pero, entonces, ¿qué es la filosofía? ¿y qué es la historia de la filosofía? Les confieso que me es relativamente sencillo decir, si alguien me pregunta por mi profesión: “soy filósofo”, o “soy doctor en filosofía”. Pero si alguien me pregunta: “y bueno, ¿qué es la filosofía?, me pone en aprietos. Porque, en realidad, para mí, la filosofía es como un viaje, un viaje sin fin, un continuo estar viajando. El filósofo es como el viajero que lleva en su mochila un diario de viaje y que por la noche escribe las impresiones del día. Si en su marcha vuelve a pasar por una determinada ciudad que ya ha visitado, no verá lo mismo que vio la primera vez. Por eso, el acto esencial del filósofo es el escribir, como el acto esencial del chef es el cocinar y el del director de orquesta, el ejecutar la obra. La filosofía no es una cosa, y por ello el lector de filosofía no debe esperar del filósofo-escritor la versión definitiva de la filosofía. Todo lo que tenemos son anotaciones de un viaje. No hay punto de llegada, y mucho menos LA versión definitiva escrita desde el supuesto punto de arribo.

Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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Una respuesta a La escritura de la filosofía como notas de un viaje

  1. Madelyn dijo:

    Es que cada cosa en este mundo es irrepetible y el que piense lo contrario peca de ingenuo.

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