Sobre la sedación paliativa y terminal

Tengo la impresión de que en mí país, la Argentina, la así llamada “sedación paliativa” se ha vuelto un recurso de “asistencia a la muerte”. Como la eutanasia no está permitida, entonces al paciente terminal o gravemente enfermo y sin cura no le queda otra más que solicitar que lo seden profundamente hasta la llegada de la muerte.

No tengo nada en contra de la sedación paliativa como tal –que en este caso convendría llamar directamente sedación terminal–, pero sí me parece éticamente incorrecta la postura de algunos paliativistas que se oponen férreamente a la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido mientras que practican regularmente la sedación continua y profunda hasta la muerte. ¿Qué diferencia hay, al fin y al cabo, entre ambas cosas?

Me dirán que sí hay una diferencia, y una diferencia esencial: la intención. Cuando el médico seda a un paciente, quiere siempre hacerle un bien (eliminarle los dolores y demás síntomas refractarios), mientras que cuando el médico le practica la eutanasia al paciente lo que quiere es matarlo (acelerar la llegada de la muerte), me explicarán. Pero a mí este argumento no me convence. ¿Por qué?

Cuando el médico seda terminalmente al paciente, puede querer que no sufra más, pero bien sabe que para eliminar el dolor tiene que erradicar la conciencia del paciente hasta que, horas o días después, sobrevenga la muerte “por sí sola”. La intención inmediata puede ser esa, lo admito, pero el médico ve que el resultado de su acción es el mismo que la eutanasia: el paciente terminará muriendo.

Cuando el médico le practica la eutanasia al paciente, ¿no puede querer también –y, sobre todo– que este deje de sufrir? Le provoca la muerte, es cierto, pero solo porque no hay otra alternativa (el paciente no quiere seguir viviendo más en esa condición).

Además, ¿cómo constatar que la intención de todo paliativista que practica la sedación paliativa/terminal es siempre e indefectiblemente solo la de eliminar el dolor? ¿Quién puede meterse en la cabeza del otro y ver ahí adentro cuál es la intención profunda? (Atención, no estoy poniendo en duda la integridad moral muchísimos paliativistas. Creo que eso está claro.)

Por todo esto concluyo que, desde el punto de vista filosófico, no hay diferencia esencial entre la sedación paliativa/terminal y la eutanasia. El resultado es el mismo y la intención, una vez despejada la bruma que con frecuencia recubre nuestros estados mentales, es también la misma. El “eutanasiólogo” no es un asesino serial ni un monstruo moral; acelera la llegada de la muerte del paciente porque este se lo solicitó y porque “no hay escapatoria”. El paliativista puede querer tan solo que el paciente no sufra, pero no es ingenuo ni ignora que para eso no le queda otra más que sedarlo profundamente (eliminarle la conciencia por medios farmacológicos) hasta que, como bien puede prever, sobreviene la muerte porque deja al enfermo en manos de la naturaleza, que –como se sabe– “seguirá su curso”.

Una aclaración final. Sé que hay formas de sedación paliativas que no son terminales, o sea, que no son profundas y continuas hasta la llegada de la muerte. Todo bien con eso. Ahí sí la intención es la de aliviar por un tiempo el dolor y los demás síntomas, y ver de paso si el paciente “se compone” después de esa fase de sedación (la idea es muchas veces que sedando por un tiempo al enfermo, este puede recuperarse y volver a la conciencia sin los síntomas intensos iniciales). Pero todo esto es otra razón para distinguir sedación paliativa (a secas) de sedación paliativa/terminal –o, directamente, sedación terminal–.

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About Marcos G. Breuer

I'm a philosopher based in Athens, Greece.
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